Alex Chilton, 1950-2010.

Publicado originalmente el 19 de marzo de 2010.

Toda la semana estuve dando vueltas al texto que iba a entregar esta semana para la columna del viernes. Lo tenía completamente listo. Lo había revisado. Había quedado satisfecho con él, cosa rara. Y entonces se nos murió Alex Chilton, el miércoles por la noche.

Eso cambiaba completamente la cosa. Y es que puede que el nombre no te suene, doesn’t ring a bell. Qué lástima. Porque Alex Chilton fue grande, grandísimo, y uno de mis héroes de toda la vida.

Nació el 28 de diciembre de 1950 en Memphis, Tennessee, una ciudad que sabe de música y un montón. Cada calle es una página de una gigantesca enciclopedia viva. Su padre fue un músico de jazz. Él creció admirando a Elvis (una de las leyendas de la ciudad) y soñando en formar parte de una banda de pop. Lo logró. Apenas a los 17 años era una Gran Estrella después de que fuese fichado por los Box Tops. Su single debut, The Letter (1967) dañó seriamente a las listas de popularidad, con su infecciosa melodía, su ritmo machacón y, sobre todo, la actitud del joven Alex al cantarla. Cualquier buena recopilación sixties debe incluir este tour-de-force de un minuto con cincuenta y seis segundos.

Quien no ha escuchado esta canción es extraterrestre o verdaderamente despistado.

Los éxitos se sucedieron, aunque no en la misma proporción: Cry Like A Baby, Choo Choo Train. Pero los productores podían más que el joven Alex y, sumido en la frustración, abandonó el grupo, mientras veía que sus compinches eran suplidos por músicos de estudio y tenía cada vez menos voz en las decisiones, no tanto así en el vinilo…

Comenzando la década del 70, se obsesionó con la música de Stax (otra de las leyendas locales), especialmente con la guitarra de Steve Cropper (Booker T. & The MG’s.) Actuó en vivo, compuso canciones con Dan Penn –uno de los productores de los Box Tops–, grabó varias sesiones con Terry Manning y produjo grupos de blues. Vivió cerca de un año en Nueva York, sumido en eternas escuchas de su gigante colección de discos, practicando, cantando, saliendo a escuchar grupos nuevos.

Regresó en 1971 a Memphis. Y aquí comienza la segunda parte de la Gran Historia: se unió a la banda de su amigo Chris Bell, Big Star. Hasta él se sorprendió de lo que pasaba cuando comenzaban a tocar juntos: todo tenía sentido, sus dedos respondían de otro modo, era un músico de verdad. Juntos componían muy bien y #1 Record (1972), disco debut de Big Star, es prueba de ello. Con un sonido discordante, tremendamente melódico y potente, establecieron las bases de lo que más tarde sería prácticamente un nuevo subgénero: esa cosa llamada Powerpop. Armonías vocales, sonidos de Rickenbacker, baterías furiosas, líneas de bajo deslizantes y ganchos irresistibles, en una línea directa entre lo mejor de la Invasión Británica de los 60 y el comienzo del punk y la new wave, una música que lo tiene todo. Canciones como In The Street o Ballad of el Goodoo son imperdibles.

Chris Bell abandonó Big Star, aunque colaboró en varios tracks de su siguiente disco, el aclamadísimo Radio City (1974), otro de mis discos favoritos de todos los tiempos. Alex Chilton continuó con el proyecto y lo hizo más grande. El disco vendió poco, pero influyó a miles de jóvenes músicos que buscaban el sonido perfecto. La crítica estalló en pedacitos, fascinada con Radio City y con Chilton. Un clásico.

La banda continuó grabando, aunque la disquera, Ardent, se negó a lanzar su siguiente álbum por las pobres ventas de Radio City. Así las cosas, life’s a bitch. El disco, Third, por fin fue lanzado en 1978, pero ya era demasiado tarde: Big Star ya no existía, Alex Chilton conocía de nuevo la frustración y había desaparecido de la escena.

Volvió a Nueva York buscando La Próxima Cosa Grande y la encontró: el legendario CBGB’s, casa del punk, lo acogió en su momento más álgido en 1977. Grabó algunas canciones con su grupo, The Cossacks. Se ganó el respeto que merecía. Su estilo se inclinó por lo simple, directo y violento. Conoció a Lux Interior y a Poison Ivy y a su grupo, The Cramps, quienes le impresionaron. Los llevó a Memphis y les produjo el EP Gravest Hits y el grandioso Songs The Lord Taught Us.

Siempre se inclinó por la canción pop sencilla y directa, aunque nunca desdeñó la experimentación. Eso se notó en sus colaboraciones con Tav Falco’s Panther Burns, un grupo desquiciado con el que tocó la guitarra y que también produjo. Su interés por la música no se quedó allí. Su curiosidad lo llevó a Nueva Orleans, donde hizo migas con músicos locales de jazz y rhythm and blues. Comenzó a practicar el soul que tanto amaba desde siempre. Compuso montones de canciones, las grabó, las desechó, las regaló. Vivía para ellas.

Desde los 90, revivió a los Box Tops y a Big Star, invadiendo los escenarios del mundo en festivales y club gigs. Ya en el nuevo milenio, Big Star volvió con In Space (2005), giró por todos lados, y siguió haciendo música maravillosa. Vivió en carne propia a Katrina en Nueva Orleans. Contó historias a quien quisiera escucharlo en bares alrededor de Estados Unidos y del mundo. Siguió coleccionando discos como si la vida se le fuese en eso.

Hace poco sus discos con Big Star fueron reeditados en un precioso box-set por Rhino. Toda esta semana, por cierto, revisité a los Box Tops en un extraño arranque de nostalgia, canté The Letter haciendo un disparejo dueto con Alex Chilton, compartí la canción con mis amigos. Di, también, una revisitada a #1 Record y, especialmente, a Radio City. Volví a emocionarme con I’m In Love With A Girl y Mod Lang. Puse una y otra vez a girar I Wanna Pick You Up, su muy particular versión de la canción de Brian Wilson que abre Caroline Now, una recopilación de versiones del californiano.

Y el miércoles por la noche justo cuando me disponía a terminar mi texto de la semana, recibí la noticia. La red de Pitchfork me avisaba que mi héroe había muerto apenas hacia una hora a los 59 años, en Nueva Orleans. Se sintió mal, fue al hospital, y nunca volvió a casa. Se presume que fue un ataque cardíaco. Tenía programado un concierto en Austin el fin de semana. Cualquier otra cosa era irrevelante: deseché mi texto anterior y decidí hacer un homenaje a Alex Chilton, una Gran Estrella. Gracias por la música.

C/S.

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