No necesitamos rockstars, gracias.

Publicado originalmente el 22 de enero de 2010.

La música pop es, ya lo he dicho montones de veces, un ente extrañísimo. En el papel, ya lo decían los editores de un fanzine español, Otoño Cheyenne, la música pop es la mejor idea que se ha tenido, aunque ya en la práctica es otra cosa. La Gran Subversión del ritmo es poderosa, espiritual y una de las pocas cosas reales que se pueden encontrar en la Sociedad del Espectáculo.

O como dice esa pantalla al inicio de aquel vídeo de The (International) Noise Conspiracy: “La creatividad sin restricciones es una de las más poderosas manifestaciones de subversión posible, porque nos ofrece una probada de libertad.”

Pero, lo dicho, ya en la práctica las cosas siempre resultan otras. Basta con encender la radio o la televisión musical para ver cómo todo se ha ido al carajo y la música pop es un burdo sub-producto más, como un cuadro cutre de supermercado para el recibidor o como una decoración con buen olor para el lavabo.

Pan y circo.

Voy de acuerdo: la música debe ser para todos. Debería de ser un derecho, estar en la canasta básica. Aunque, por supuesto, que La Gran Subversión, el Ritmo, no puede estar en ninguna canasta básica de ningún sistema.

Pero estoy poniéndome denso. Lo que quiero decir es que estoy cansado de ti. Vienes aquí y me muestras tu música intentando que te la compre. Pero no me dices nada, me tocas un ritmo mil veces copiado y crees que con tu pose vas a solucionarlo. No. ¿Sabes? Estoy harto de ti. De hecho ya alguien te inventó un nombre, bastante despectivo y tonto, y te queda: rockstar.

Eres culpable de todo este embrollo. Tú y los que te siguen, claro. Pero a veces no les queda mucha opción. Alimentan tu ego para lidiar con el suyo. Necesitan un ícono que pueda identificarles. Pero, ¿sabes?, no eres ningún flautista de Hamelin. No llevas a nadie a ninguna parte. Al final, te quedas solo, porque las ratitas que crees que te siguen crecen, estudian, se casan y te olvidan. No significas más que una etapa. No eres esencial.

Eres un síntoma de que todo ha ido cuesta abajo. Todo.

¿Cuándo fue que todo se fue al traste? Quién sabe. ¿Con Elvis y su “rebeldía” que consistía en volver inofensivo un ritmo que ya comenzaba a agitar las aguas de la comunidad negra? ¿Con los Beatles y el culto a la personalidad? ¿Con la psicodelia inútil, el jipismo ciego, el aburguesamiento del ruido? ¿Con la gran mentira del rock duro? ¿Con los indigestos sintetizadores, la laca y las baterías electrónicas? ¿Con la MTV? ¿Con las computadoras?

La música pop, el Ritmo, al dejarse crecer el cabello comenzó a tropezar con sus propias trenzas. Al volverse un vehículo de auto-indulgencia, de compensación por egos rotos y de total narcisismo, perdió. Perdió para no volver a ganar nunca más, sólo victorias pírricas, románticas.

Y caíste en el juego. Te crees muy libre, pero eres un esclavo de la Sociedad del Espectáculo. Te crees muy interesante pero todos nos damos cuenta de que no vales. Te crees que todos te adoran pero sólo te utilizan. Y es lo justo: tú los utilizas a ellos, les sacas su dinero, les engañas.

Con esa pinta de tonto, además.

Por favor, dime que es un juego. Una broma. Que no es en serio y que estás tomándonos el pelo, a la buena. Dime que, si te aplicas, vas a poder hacer Gran Música, y no hablo de esa de mil acordes por minuto, escalas imposibles y guitarras que hacen solos que duran más que una mala película. Hablo de la Música que Importa, la Gran Idea, la Subversión del Ritmo, la cosa espiritual, el I got soul y que nos vas a decir algo bueno. Que vas a entendernos. Que no vas a menospreciar nuestro intelecto. Que vas a entretenernos de verdad, sin efectismos, vulnerándote para que podamos reconocernos en ti. Que no necesitas chuparnos la sangre porque sangre tienes de sobra.

¿Quieres ser una estrella? Si es así dedícate a otra cosa y deja de manosear nuestra música. En la música no necesitamos estrellas, no ahora. No sirven de nada. Necesitamos músicos, héroes, románticos, gente con los cojones bien puestos, los ojos bien abiertos, los oídos aún más y la mente clara. Nous voulons des héros.

De todos modos nadie puede ser una estrella hoy. El rockstar es un mito paleolítico e inepto, falso e inútil. Es un ladrón descarado que quita el dinero y el alma a los ilusos para alimentar su propio vacío. O algo así. Nadie necesita rockstars. Nadie, ¿me escuchas? Estorban.

Ya podemos ir derrumbando los monumentos.

C/S.

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