El rock es blando como papel higiénico.

Publicado originalmente el 13 de noviembre de 2009.

Hace algunos años, justo a la mitad del siglo pasado, comenzó una revolución sociocultural muy interesante y sorprendente. El mundo aún no se reponía de una tremenda guerra mundial cuando, cruza de ritmos negros y blancos, el rock and roll se convertía en un torbellino que cambiaría la vida de muchos jóvenes, porque los adultos ni se le acercaban. La música, objeto de consumo como todo a partir de los 50 (lavadora, tocadiscos y auto en el garaje: el falso Sueño Americano) tomó un rumbo que, para muchos, parecía peligroso y nocivo.

No era la primera vez. Ya en los años 20 del XX el jazz era visto, por gran parte de la sociedad, como una cosa inmunda. Cómo no, si era una música “de negros.” Ya después también había que alejarse del rhythm and blues que se practicaba en los ghettos, derivado directo del blues que, a su vez, nació en las plantaciones de algodón como cántico de trabajo, de lamentación y de comunión. Sólo cuando el ritmo se “blanqueó” gracias a gente como Elvis Presley y (que alguien nos libre) Bill Haley fue que se popularizó.

La amenaza del rock and roll iba por partida doble: no sólo era una música surgida de las comunidades negras, sino ruidosa y desafiante contra las costumbres. Hoy parece inofensiva. En parte, sí, por los ideales ingenuos del momento (¿rebeldes sin causa? ¡hijos de papá!) y en parte porque, admitámoslo, el rock and roll ha logrado muy pocas cosas esenciales, a pesar de su gigantesco potencial.

Convertido en objeto de consumo, inevitable y tal vez necesariamente, la música popular juvenil fue detonadora de varios movimientos más que interesantes en los años 60. Pero, tampoco podemos negarlo, la música más sustancial de esos años también vino de los ghettos: todo comenzó con Motown, una disquera pequeña, que cristalizó el verdadero Sueño Americano de progreso y oportunidad. Afincada en Detroit, la ciudad del motor, hizo bailar, sentir y pensar a millones; a su vez, su música soul influyó en el nacimiento de la Invasión Británica y la historia es de sobra conocida. Su filosofía era captar el sonido de la joven América. Lo lograron. Escuchar a Marvin Gaye, a las Velvelettes, a los Temptations, los Four Tops o al pequeño Stevie Wonder es vivir.

Su contraparte y competencia, Stax, ubicada en Memphis, también dominó las listas con música esencial. Con un sonido mucho más visceral y un mensaje mucho más directo en cuanto a la lucha por los derechos civiles, Stax hizo historia en una ciudad típicamente racista e intolerante (allí tirotearon a Martin Luther King.) El funk de los 70 daría sus primeros pasos gracias a los artistas del sello, entre los que se cuentan (nada más) Otis Redding, Booker T. & The MG’s, Rufus Thomas y su hija Carla, Wilson Pickett, Sam & Dave y Isaac Hayes.

Durante los 80, el nacimiento del hip-hop fue otra increíble vuelta de tuerca en la historia de la música. Desdeñado desde siempre por violento y (una vez más) por ser “música de negros”, ha sido de los pocos ritmos realmente desafiantes de las últimas décadas. El rock and roll se alineó con el Sistema que atacaba desde los primeros 70: autocomplaciente, indulgente, blando, insulso en ocasiones. Sí, los Pink Floyd podrían tocar muy bonito, los Led Zeppelin hacer buen ruido… ¿y? Estaban demasiado alejados de cualquier realidad como para saber nada esencial. El punk amagó con crear una revolución, pero, desafortunadamente, tropezó muy pronto. Después de él, en su caída/transformación, surgieron sonidos impresionantes aunque poco disponibles para el gran público por su marginalidad. Nunca está de más desenterrar algunos baúles. Siempre valdrá la pena.

Johnny Rotten, cabeza visible del punk, entendió esto muy bien e incluso antes que monigotes como Aerosmith, se movió al naciente rap creando un himno junto al genial DJ afroamericano Afrika Bambaataa. World Destruction, de Time Zone, fue el primer single en unir guitarrazos furiosos con rimas importantes. Lo demás era consecuencia.

Hoy día se nombra a u2 como portavoces, se les considera una banda con trascendencia política y, peor aún, musicalmente relevantes. Farsantes. No sólo no han hecho nada nuevo desde su primer disco (¿o es que te impresionan esos vacíos conciertos llenos de parafernalia para suplir el verdadero talento?) sino que su discurso resulta hipócrita y blando como papel higiénico. Incluso cumple su misma función. Tan desafiante como arrojar una flor a un tanque de guerra, esta aberración ha ido por todo el mundo pregonando como falso pastor y forrándose de billetes, con sus textos insulsos y, además, irritando oídos con su ruido. Que les den. ¿Eres políticamente consciente? Ahí están los MC5, los Manic Street Preachers, Woody Guthrie, el 2-Tone, gente realmente comprometida y con cojones. Y la música negra, esa eterna marginal, rebelde con causa y auténticamente poderosa. Dale una oportunidad. Tus oídos y tu mente se abrirán. Tú, el rock and roller, se supone que tienes criterio, eres libre de prejuicios y vives intensamente. Pues hazlo de verdad.

Porque, ¿dónde quedó el rock and roll y su potencial? En todos lados y en ninguno. Se perdió en el Verano del Amor, entre solos de guitarras progresivas, en la basura de las discográficas. Es una costumbre más, un cliché más de juventud inconsciente, de adultez nostálgica y de pereza mental. No todo es malo. De los 13th Floor Elevators a The Libertines, pasando por The Clash, The Jam, Sonic Youth, The La’s y Pulp hay sonidos que no hay que dejar pasar. Hay demasiadas cosas bajo el sol, demasiados caminos como para seguir transitando por el mismo.

No es que el rock and roll esté muerto. Simplemente que es un jodido huevón. ¿O no?

C/S.

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