Choose muzak. Choose life.

Publicado originalmente el 11 de septiembre de 2009.

 

Dice el escritor británico Tibor Fischer: “La vida te da la posibilidad de escoger entre el vestido cool y el vestido sin gracia, entre la música hecha por un músico inteligente y exigente y la hecha por un tontorrón con notas cansadas y robadas, y los que efectuamos la elección correcta deberíamos ser aplaudidos.” Más lucidez, imposible. Y prosigue: “Sin duda la vida es cribar las opciones correctas y ser aplaudidos por la gente correcta, ¿no?” Pues sí, señor Fischer.

 

En una ciudad [¿en un país? ¿en un mundo?] que no quiere salir de etiquetar como “pop” a toda música comercial, “rock” a toda música con guitarras y como (perdón) “pop-rock” a la música que tiene melodías y guitarras, la filosofía de Fischer es imprescindible: cada vez hay más musicómanos que son conscientes de esta pereza auditiva que se padece. O eso quiero creer. Lo que no puede creerse es que en la Era Digital, en la que el acceso a la información parece mucho más fácil y es decididamente mucho más rápido, seguimos en la prehistoria musical. Hace unos años la única información sobre música venía de la capital del país o del extranjero en forma de revistas, discos importados o de viva voz de los intrépidos.

 

Dicen que los refranes populares son sabios y sin duda lo son. Pero hay uno tremendamente errado y especialmente retrógrada en su advertencia: la curiosidad mató al gato. ¡Vaya! Si todos fuésemos un poco más curiosos, todo sería mucho mejor. Aprenderíamos más, nos divertiríamos más, tendríamos mejores temas de conversación. Escucharíamos más canciones, más discos; leeríamos más y mejores libros; veríamos más y mejores películas. Dejaríamos de ser autómatas culturales, repetidoras corporativas, muertos que caminan. Que se jodan, que el gato tiene nueve vidas y si va a morir a manos de la curiosidad todas las veces, que sea, es mucho mejor morir así que de aburrimiento.

 

Pero, ay, Sr. Fischer, seguimos eligiendo mal a pesar de tener tantas posibilidades. Seguimos eligiendo el vestido sin gracia, la música basura. Es que, entienda Sr. Fischer, que es mucho más sencillo y más cómodo estar así. Somos tan gregarios que escucharemos lo que se escucha por allí, lo de todos. No vayan a marginarnos. Es mucho mejor no elegir. ¿Opciones? Para qué, iré a lo seguro, elegiré mi himno personal con el cuidado con el que elijo los calcetines por la mañana (los que estén a la mano, listo, con lo importantes que son los calcetines –en serio– y nos ponemos los que estén a la mano). Así son nuestras elecciones. Entienda, Sr. Fischer, así ha sido siempre.

 

Los intrépidos siempre lo pasan mejor. Tienen más discos, más canciones de donde elegir un himno personal, más sonidos para cada ocasión. Se divierten más. Para ellos la caja de discos de vinilo que tiró la tía es un tesoro; las canciones que parecen anticuadas son las más sorprendentes, tienen las mejores historias, suenan mejor, se sienten mejor. Las canciones nuevas tienen más sentido. O menos, pero saben de qué va la cosa.

 

Porque, al final, la música sin un poquito de alma, no sirve de nada. Si no hay peligro, no hay emoción. Basta de la misma canción, siempre, una y otra vez. Basta de grupos insulsos, de revistas mediocres, de cedés (la Gran Ramera, les dicen algunos) de música insulsa, basura, blanda, sin cojones, sin alma. Bienvenidos los nuevos ritmos, que son los viejos, porque ya no hay nada nuevo bajo el sol. Bienvenida la música filosa, peligrosa, negra, que no olvida el ritmo, melódica, guitarrera, lo que quieras estará bien, pero elige tu música. Que sea buena. Hay muchos discos que nunca has escuchado y que no pueden quedarse empolvando allí.

 

Bienvenida la nueva vieja ola, el baile –porque si no se puede bailar que se joda la revolución– y el sudor. Bienvenidos (de nuevo) el plástico negro, las noches de acabarse los pulmones cantando, la ropa elocuente.

 

Sr. Fischer, tiene razón. La vida nos da a elegir montones de cosas. Y algunas pueden parecer más trascendentes que otras, pero uno es lo que escucha. Estas cosas importan. Mucho más de lo que imaginas, por cierto. Aplaudámonos de una vez por todas.

 

¿Quieres seguir siendo así de gris? Morirás de aburrimiento. Tu alma se pudrirá. Es tu decisión.

 

C/S.

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