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Dos discos nuevos: Carlos Oroza, Malú y The Limiñanas, I’ve Got Trouble In Mind.

In Uncategorized on November 25, 2014 at 1:47 pm

carlosorozamalu

Escrito originalmente para LaPopLife.com.

Carlos Oroza, Malú. 

En 1975 se editó en España un extraño single que prometía, desde la portada, ser alucinante: unos hongos nada guapos, amenazantes, pero seductores. Como un dandi gamberro. El disco era raro de por sí, pero que tuviese el nombre Carlos Oroza en la portada era ya delirante. ¿Qué hacía el poeta de Vigo en un disco pop?

Pensándolo bien, no era tan descabellado. Oroza se distinguió en los años 60 por sus actuaciones en vivo, recitando en universidades, foros, cafés y calles; era una especie de poeta beat con un agudo sentido teatral, un rapsoda desquiciado con espíritu combativo. De hecho, veía a la poesía como una cuestión rítmica y tribal. Llamó, osadamente, “cementerios de signos” a los libros. Creía en la vitalidad de la palabra.

¿Rapsoda o rapero?

Era sólo natural que acabase grabando un disco, su poema Malú. Fue musicalizado por Eclipse, un grupo de rock progresivo que representaba también un romper con la tradición, saltarse el franquismo y mirar hacia un porvenir más ideal. El resultado fue un single rompedor, increíble, que incluye en sólo cuatro minutos menos cuarto percusiones africanas, coros rituales, un recitar que suena a hip-hop bohemio y una exploración por el prog rock de guitarras más clavado. El tema fue grabado en Madrid y salió en 45rpm; es, desde luego, un disco escaso y muy caro.

Hasta ahora. Seara Records (Brasil), en colaboración con Editorial Elvira, ha relanzado Malú en su formato original, con nuevo arte de portada a cargo de Andrés Magán y con un lado B completamente nuevo: una regrabación del poema Évame con música de JAY (Brais Otero, Manuel Álvarez, Pablo Valladares y Julián Goicoa, con la colaboración de Guillermo Portas al bajo e Isabel Fernández Reviriego, de Aries, en la voz.) A cargo de la producción estuvieron José Vázquez y Álvaro Gallego. Es una reedición importante no únicamente por lo que representa para Carlos Oroza: es el primer vinilo de Seara. El disco fue presentado el 28 de agosto en el festival de artes visuales No Tengo Mamá en el café Detrás Do Marco, en Vigo. Habrá que hacerse de una copia.

“Malú es una flor que se cultiva en el Nepal. / Eva es un nombre que se hace verbo…”

Seara Records está en la red en seararecords.bandcamp.com, donde está disponible la descarga digital del single. Puede uno comunicarse a laseararecords@gmail.com para obtener más información del disco y de envíos.

* * *

The Limiñanas, I’ve Got Trouble In Mind.

Soy un tipo normal con muchos defectos.

Y cuando digo muchos, es muchos.

Uno de ellos, carajo, es que todo lo que tenga tufillo a nouvelle vague y a ye-yé francés me chifla. Me convierto en un memo zombi y dejo de cuestionarlo todo. Digo “sí” a todo como si estuviese bajo el influjo de una fuerte hipnosis. Caigo redondo. Y lo mismo me pasa con esa psicodelia guarra, llena de fuzz, de lipsticks negros, gafas oscuras y flequillos. La que comienza en los gritones suburbanos que querían imitar a Jagger y que le debe tanto a Velvet Underground en su etapa Exploding Plastic Inevitable. Dos universos que no están tan lejos uno del otro (tan sólo hay que preguntarle a Antoine y sus Problemas.) Y que, cuando colapsan, generan explosiones tan bonitas que deslumbran.

En cierto nivel, es una fórmula. Una que ya me tiene tomada la medida. ¿Cómo puede algo tan fácil conmigo? ¿Es posible tanta oligofrenia a partir de sonidos y sensaciones?

A pesar de todo, esa sensación babosa de embelesamiento me encanta. Me siento enamorado. Me convierto en un fanboy y entiendo por un momento a las chicas desquiciadas por las bandas de chavales bienpeinados que bailan coordinados o los guapitos pop de turno.

Qué vergüenza / Qué bonito.

The Limiñanas están hechos para mí. Es inevitable. Y aunque sus detractores tal vez tengan razón en insistir en lo pastiche de todo el proyecto, creo que esa es una de sus grandes virtudes. El amor de Marie y Lionel Limiñana a esa época de la música es genuino y se nota. No están burlándose de esos sonidos; lo que pasa es que, de por sí, son dos universos teatrales, afectados, artificiales como los paraísos de Baudelaire. Y en ello recae la belleza.

Este par es total; es todo, menos rústico. ¿Por qué irse a las raíces cuando los pétalos son lo mejor? Ahí arriba es donde ocurre la belleza, el sexo, el color.

La carrera de los Limiñanas comenzó en 2009 y ha sido prolífica, como de grupo sixties: singles en 7”, EPs y discos largos. Y, por supuesto, hay muchas canciones sueltas que son recopiladas ahora en I’ve Got Trouble In Mind, disco que, sin embargo, resulta sorprendentemente cohesivo. Comienza con una introducción del DJ Evan “Funk” Davies y lo que sigue es una retahíla de hits: de la increíble canción titular a Liverpool, de Tu es à moi a Je m’en vais, del cover a los Beach Boys I Know There’s An Answer a la versión de Phil Spector de Christmas, de Migas 2000 a Ugly Death; fuzz, sitar, recitaciones con voz nasal, ritmos ye-yé. No hay pierde: oligofrenia y baba segura para seres sugestivos como yo; un buen rato de baile y corazones brincones para los chicos y las chicas del ritmo.

Trouble in Mind es una finísima pieza de gainsbourgiana y psicodelia que emociona. No hay solemnidad ni búsqueda de lo majestuoso aquí; al contrario, se trata del beat, del ritmo, del ruido. De lo primordial. Ye-ye-yé.

C/S.

Bitácora monomaníaca III. Apuntes de un dandi del tercer mundo*.

In Uncategorized on November 19, 2014 at 1:36 am

lonniedonnegan

Publicado originalmente el 31 de octubre de 2014.

I

Un hito: Los Beatles tocan ante la reina de Inglaterra el 4 de noviembre de 1963. La prensa acuña un término: beatlemanía.

Para que eso sucediese, se recorrió un largo camino. Uno que, de hecho, comenzó en las plantaciones de algodón de Nueva Orleans alrededor de 1920. Los trabajadores hacían música para ahuyentar las penas al menos lo que duraba una canción. De ahí nacieron varias músicas: el ragtime, el jazz, el blues y una menos conocida llamada skiffle. Hecha con instrumentos de cuerda y percusión improvisados, el skiffle era una animado y luminoso. El nombre, parece, se le dio por una grabación de 1925 del músico Jimmy O’Bryant y sus Chicago Skifflers.

El estilo se conservó como música folclórica y, siguiendo misteriosos caminos, llegó a la Inglaterra de la posguerra que también buscaba aliviar sus penas con un poco de música. El swing, que era el ritmo más popular para bailar, fue mutando a una especie de trad jazz, más apegado a sus orígenes africanos. Y en esa mutación, surgieron los primeros grupos de skiffle en la Gran Bretaña. Ken Colyer tenía una orquesta skiffle que solía tocar en cualquier fiesta en la que se necesitase una buena agitación. El banjo lo tocaba un chaval enclenque que respondía al nombre de Lonnie Donegan.

Donegan era un escocés de voz nasal que creció escuchando viejos discos de swing y ragtime. Tenía veinticinco años en 1956 cuando logró su primer éxito en solitario, una versión skiffle acelerada de Rock Island Line, una canción blues original de Leadbelly. Su éxito fue gigantesco, pero su influencia fue mayor. Para el año siguiente había alrededor de 40 mil grupos de skiffle sólo en la Gran Bretaña. En las esquinas y garajes de cada barrio se podía ver a cuatro o cinco chavales interpretando canciones sobre trenes, vagancia y calle armados de guitarras e instrumentos improvisados: bajos hechos de ligas, silbatos, percusiones hechas de tablas de lavar o cajas de té, jarros y cazuelas.

Antes que Elvis, Lonnie Donegan fue el ídolo de muchos. Alexis Korner, figura fundamental del rhythm & blues británico e influencia primordial para los Rolling Stones, comenzó haciendo skiffle. John Lennon y Paul McCartney, Van Morrison, Jimmy Page y Roger Daltrey (de The Who), todos comenzaron sus vertiginosas carreras en un grupo de skiffle.

En 1959 llegó a Inglaterra el rock and roll con Elvis, Gene Vincent y Eddie Cochran y artistas locales como Cliff Richards, Tommy Steele y The Shadows, que también habían tocado skiffle antes. Uno de los mejores grupos de skiffle de Liverpool, The Quarrymen, se había transformado ya en The Beatles y estaban listos para conquistar el mundo. Pero primero, a Inglaterra. Ese 4 de noviembre de 1963 el primer paso había sido dado.

II

Un hito: David Bowie graba, entre 1977 y 1979, tres álbumes que sacudieron el mundo. Se trata de su Trilogía de Berlín (Low, Heroes y Lodger) producida por Brian Eno.

Fue una etapa productiva, basada en la contracultura en Alemania de finales de los años 60. En años convulsos en todo el mundo, llenos de movimientos sociales y culturales, protesta  y cuestionamiento, los alemanes los aprovecharon para aprender de la música pop de los ingleses y norteamericanos. Y, además, revisaron su propio pasado, que querían reconstruir y reivindicar tras una horrorosa Segunda Guerra Mundial.

Tomando un mucho de Karlheinz Stockhausen y la música concreta, el free jazz y el collage, la psicodelia y la naciente electrónica, política de izquierdas y melenas hippie e imponiéndole el rigor germano surgió un movimiento que más que tener un sonido homogéneo englobaba una Gran Idea. En Alemania le llamaban música cósmica, pero la prensa anglosajona siempre necesitada de etiquetas comenzó a llamarle krautrock de un modo un tanto despectivo. El término hace alusión al sauerkraut (conocido también como chucrut), platillo típico de la cocina alsaciana.

Como sea, el nombre se quedó a una música que salía de Alemania, tenía sus bases en el rock progresivo y llevaba sus experimentos sonoros hasta límites insospechados. Krautrock. Qué tanto hay en un nombre. De Berlín y ciudades provincia comenzaron a surgir grupos sorprendentes que transformaron el rock en algo extraño, misterioso, intenso; la revolución que prometían los años 60 se quedó estacionada justo ahí en donde inició. Pero en Alemania las cosas estaban sucediendo y la música sufría una metamorfosis brillante y que tendría una influencia benéfica y duradera.

Guitarras, sintetizadores, baterías en métricas descompuestas, cantantes lunáticos… De finales de los 60 a ya entrados los años 80, Alemania hacía la mejor música del mundo. Ahí surgió el gran sonido psicodélico de Tangerine Dream y Harmonia, el electrónico industrial de Kraftwerk o Faust, el ritmo machacón motorik de Neu!, el ambient de Popol Vuh y Cluster. Cada grupo era un universo fascinante lleno de geniales piezas musicales larguísimas e historias de leyenda: Can, la deconstrucción del rock, con su cantante japonés Damo Suzuki; el surgimiento de Amon Düül, ruido esencial, de la misma comuna que los Baader-Meinhoff; Klaus Schulze y sus desayunos con LSD; La Düsseldorf y la obsesión enfermiza de Klaus Dinger por la perfección del sonido. Todo con una maestría que da escalofríos.

Hoy se escuchan ecos del krautrock del rock industrial al hauntology, del ambient al noise. Brian Eno y Robert Fripp tomaron la estafeta en los años 80 y generaron otra pequeña gran revolución en la música; ahí están mis amados Stereolab, siguiendo pistas sueltas para construirse un mundo nuevo. Porque lo nuevo siempre debe ser buscado. Y encontrado.

III

Un hito: el video de One Step Beyond de Madness es uno de los más vistos en la primera etapa de MTV durante 1981. El paso de baile es obligado en cualquier guateque que se respete desde entonces.

La canción había salido originalmente en un disco de 1979 y había hecho de las suyas en la Gran Bretaña. Era el momento cumbre de un movimiento y un sonido que había salido de Coventry, en las West Midlands de Inglaterra, una ciudad de provincia que tenía mucho que decir. Inspirados por el ska y el reggae jamaicano que había vuelto locos a los primeros rudeboys, hardmods y skinheads diez años antes, estos tipos crearon un colectivo que puso de cabeza a la isla y que influyó en innumerables músicas alrededor del mundo. Y todo salió del ansia joven de no sucumbir ante el aburrimiento y la estupidez.

Coventry en los años 70 era una ciudad triste, lenta y pobre. El ambiente era lúgubre. Y un chaval llamado Jerry Dammers que se la pasaba los días inmerso en discos de Blue Beat decidió terminar con ello, a ver qué salía. Lo que resultó fue una ola que pocos pudieron contener. Con su grupo The Specials dio cuerpo a una idea que hizo explotar de gusto a la música.

El movimiento 2-Tone, llamado así por los tonos blanco y negro del tablero ajedrez como símbolo de la integración racial y el amor por los discos viejos, comenzó a crecer. El espíritu hardmod no había muerto en muchos lugares de provincias y la llama explotó. Mezclando los nuevos sonidos del punk y del new wave, los grupos comenzaron a salir por todos lados, infestando el ambiente con ritmo y actitud. Además de The Specials, estaban The Selecter, The Beat, Madness, Bad Manenrs con su peculiar cantante Buster Bloodvessel y The Bodysnatchers. No sólo eran un colectivo, también llegaron a ser un sello discográfico para el que grabaron también el trombonista jamaicano Rico, Elvis Costello, The Swinging Cats y The Apollinaires.

Su influencia se notó enseguida. Era la época del mod revival también, así que la idea de “vivir limpio en tiempos difíciles” volvió al primer plano. Comenzó una segunda ola del ska con un ojo en el pasado y otro en el futuro. La música jamaicana vivió un segundo aire gracias a unos ingleses de las Midlands. Y el mundo estaba listo para esa música que iba a acompañar los tiempos difíciles del thatcherismo.  Porque, como dijeron por ahí, si no se puede bailar para qué la revolución.

* Estas anotaciones son parte de una serie de anotaciones que comenzaron como un borrador para El Fanzine del Cerdo Violeta. Las partes I y II fueron publicadas en las ediciones 1 (enero 2012) y 6 (septiembre 2014) del referido pasquín. Pueden encontrarse en http://latrampadelbulevar.wordpress.com si le apetece leerlas. No veo por qué habría de hacerlo, pero cosas más raras se le ocurren a la gente todos los días.

C/S.

Cinco discos maravillosos para un otoño botarate.

In Uncategorized on November 12, 2014 at 1:48 am

skytoneshiningoveryou

Publicado originalmente el 24 de octubre de 2014.

A un verano pelma, un otoño botarate. Y vaya que lo ha sido. Pinche mundo orate, en el peor sentido posible. En el peor. Parece que nada salva.

Por eso, a veces mejor poner un disco. O cinco. Sólo para no perder la cordura. Y, luego, seguir. Porque no queda más. Porque es lo que hay que hacer. 

Octubre, Cuando Todo Parecía Perdido.
Poderosísimo powerpop. Octubre, qué gran nombre, nació alrededor de 1995 en Murcia, mirando al pasado para tomar por asalto el futuro. Hay quien ha dicho que son los Teenage Fanclub españoles y la comparación me gusta. Les queda. Tienen varios discos, todos me gustan, todos me emocionan, todos son esa música que me pone lelo. Así de tanto me gustan. Uno o dos de mis panas comparten esa manía, por eso son mis panas. Todos sus discos y EP’s y canciones sueltas me gustan pero, puestos a elegir, me quedo con Cuando Todo Parecía Perdido, lanzado en 2006 en el sello Rock Indiana. Tiene sentido, porque fue el primer disco que les conocí. Y porque, carajo, no hay una canción que no funcione. Es powerpop directo, sencillo, genial. Esas guitarras, esas melodías. Yo no pido más. O sí: que le subas al volumen. Para mí, es un disco ideal. Para mí, de esto se trata la música (es decir, todo.) Que no me pillen en un día de humor Octubre, porque no hago caso: pongo play y a cantar y a brincar. Sí, como un memo babeante. Y qué. ¡Por un mundo con más discos como este y menos como el [inserte nombre de disco que quiere emular el Ok Computer una vez más, ¡ni uno más!]! Esta es la música (perdón por el pun obvio) para cuando todo parece perdido. Y tal vez no lo esté. Tal vez. 

Skytone, Shining Over You.
Ah, Skytone. Esos hermanos Doddridge, Rodney y Darius. Los de Ottawa, la capital de ese país raro que me cambió la vida gracias a una saludabilísima dieta de corazones rotos, cervezas Molson Dry y la poutine. Los que hacen un folk anti-barbitas y un pop de poder de vértigo. Los hacedores de himnos. Shining Over You, de 2011, lo digo de una vez, es uno de mis discos favoritos. De todos los tiempos. Que sí. No puedo con él. Leí en alguna parte que era un disco “olvidable” y, mira, tal vez lo sea, pero me reí duro y profundo, ruidoso y desde las tripas. ¡Olvidable! Epa, está bien, pero es que a mí me pasó justo lo contrario, pues desde la primera vez que lo escuché se quedó pegado a mí, como un bicho gigeriano que te agarra por la cabeza y ya no te suelta, jamás. Es un álbum para escucharse de pie y se merece todas las hipérboles que se me ocurren (y que no soltaré acá por cuestiones de espacio y porque, don lector, doña lectora, si es que existen no quiero quitarles tanto tiempo; sólo un poco, que también lo valgo.) Ah, y claro, fue lanzado por The Beautiful Music: un motivo más para considerarlos una de mis cosas favoritas en el mundo. En el puto mundo. Diez canciones de puro vértigo y pasión. Nada de cinismo, incluso cuando nos recuerdan que los grupos de guitarras jamás cambiarán el mundo. Puro pop. Así. 

Gangway, The Twist
Primer LP de este grupo de Gran Pop danés. Copenhague, 1984, Allan Jensen (voz) y Henrik Balling (guitarra) juntan a sus amigos Torben Johansen (teclados, también integrante del grupo post-punk Escape Artists) y a Jan Christensen (batería) para hacer música hipermelódica, titilante, tristona. Algunos les comparan, con justa razón, con los Smiths: guitarras que vibran, un poco de nostalgia por un pasado no vivido, letras sumamente poéticas (en el buen sentido, creo), una actitud de el-mundo-no-me-merece y una voz afectada y teatral; hay que añadirle teclados new wave y un ensimismamiento brutal. The Twist es eufórico y taciturno, a veces en la misma canción. Tal vez por eso siento el disco como mío. Es un disco superior, carajo. Me encanta.

Antena, Camino del Sol.
Una vez soñé con Isabelle Antena. Bueno, con su voz. Fue un sueño extrañísimo que no sé explicar, que parece increíble; no me lo explico, pero por eso me gusta. Lo raro es que lo recuerde, porque hace algunos años en los que me ha dado por soñar y olvidar. Pero a lo que iba: en mi narcosis, mi cabeza se inventó una historia en la que yo estaba en un aeropuerto. Y el altavoz anunciaba que mi vuelo debía partir (con lo poco que me gusta volar.) Pero no era esa voz dulzona de los aeropuertos, no. Era Isabelle Antena, cantando, acompañada de zumbidos bossa. Y un servidor, en su sopor, pensaba que era una señal; de qué, no sé, jamás he leído bien las señales o siempre las he confundido. Y me levantaba, con el corazón a punto de salirse de la caja torácica, tomaba mi equipaje y caminaba. No recuerdo más. ¿Y por qué estoy tan seguro de que esa voz era la de la cantante de Antena? Porque justo esa semana le había dado vueltas y vueltas a Camino del Sol (recopilado a partir de grabaciones de 1982 en 2006), disquísimo, escapismo perfecto. Bossa electrónica con actitud post-punk para una vida mejor, que sí. Justo esa semana debía tomar un vuelo a algún lugar. Tal vez la señal era “deja de preocuparte.” Lo hice. No sé si la leí bien, pero lo pasé fenomenal.

Duglas T. Stewart, Frankenstein.
No, no es el momento más brillante de Duglas T. Stewart, el líder, cerebro y alma de BMX Bandits, piedra angular del pop escocés. Pero cómo me gusta este disco. El barbudo lanzó en 1996 este recopilado de grabaciones que incluyen algunas canciones personalísimas (como su hijo cantando Daddy Daddy) y más coqueteos al pop brianwilsoniano que lo obsesiona (y al que hace referencia directa en Tones.) En una época en que todo era britpop y cocaína, delirios de grandeza y sordidez, Stewart se recluyó para jugar con sus guitarras y teclados y rebelarse contra la rebelión. Al final, demostró que tenía razón y las antics de los astros pop del momento hoy ya no parecen tan graciosas, mientras que lo de Stewart sigue sonando a grandes posibilidades a pesar del tiempo transcurrido. Además, siempre me sirve como pretexto para ponerme a escuchar BMX Bandits como un loco. Y, ya se sabe, para mí si no hay BMX Bandits, no hay vida.

C/S.

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