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“La unión es lo más importante para romper con la apatía.” Entrevista con Ritxi Cárdenas Montiel.

In Uncategorized on September 17, 2014 at 1:05 pm

ritxicardenas

Publicado originalmente el 29 de agosto de 2014.

Si alguien hace honor a Ezra Pound y aquella línea suya de Encargo (“id como una plaga contra el aburrimiento del mundo”) es Ritxi Cárdenas. Este terrícola de 25 años, dandi y revolucionario, es una mente brillante que se hizo a partir de un oído agudo y unos ojos bien abiertos. Obsesivo de la música negra y de los años 60, del futbol y los deportes de contacto, Ritxi se dice “feligrés de la parroquia de San John Cage, amante del lúpulo y el cáñamo y situacionista.” Le conocí en una barra, un whisky entre nosotros, y desde entonces sentimos una afinidad musical y vital muy importante. Y cómo no, si ha sido uno de los impulsores del underground leonés, un bon vivant que entiende la música y un tipo apasionado que cree ciegamente en el entusiasmo y el amateurismo, justo mis debilidades. Ritxi se ve a sí mismo como un tipo que “ama el sonido, a su chica, la ginebra, los tatuajes, la ropa a la medida y los paseos en bicicleta.” Por el contrario, asegura odiar “el fascismo, a los hippies y el heavy metal.” Aquí nuestra conversación: 

¿Cómo nace en Ritxi la obsesión vital, La Obsesión, por la música y los discos?
Escuchaba en la radio el programa Éxitos Juveniles de los 60 en la LG 680AM antes de ir al kínder, mi madre lo ponía todos los días mientras me preparaba el desayuno. Tocaban música de los Teen Tops, Los Apson, Los Yaki y una que otra ñoñada sesentera. También por  las cintas que le robaba a mi padre a eso de los 7 años, cintas de Bob Marley, The Doors, Rolling Stones y algo de jazz y blues. A los 8 años mi hermano y yo pedimos CDs de los Beatles a los “Santos Reyes” porque los habíamos conocido con una cinta que tomó prestada mi hermano de la casa de un amiguito. Después me tocó la época Rock en tu Idioma hasta que a los 12 años me enganché a la música jamaiquina, además de tener un ligero contacto con la escena punk local. Con todo, desde los 8 años mantuve mi look a lo beatle con copete y patillas. Después tiré por la borda toda esa música pretenciosa como los Beatles y Marley, que no están mal si tienes 8 años. Me decepcionó bastante saber que mis ídolos sólo eran la punta del iceberg y que había todo un gran témpano de hielo subterráneo debajo de ellos. Así conocí a artistas jamaiquinos como los Skatalites, Laurel Aitken, Prince Buster, Alton Ellis, Phillys Dillon, Marcia Griffiths, The Gaylads, Upsetters, Wailers, y a productores como Coxone Dodd y Lee Perry. El gusto por la música jamaiquina me llevó a ver a los Skatalites al D.F. a la edad de 14 años. ¡Era una locura! Aún tenían cuatro integrantes originales que lucían como en pleno 1965 y la sala de conciertos, el Centro de Convenciones Tlatelolco, estaba llena de skinheads. Eso despertó una nueva obsesión en mí por la subcultura. Me impresionó bastante verlos bailando, bebiendo y, por qué no, también peleando. Así empecé  a leer fanzines como “Liquidator” de España o el mexicano “Tiempos Rudos” que fue un icono en la cultura skinhead y de música jamaiquina local. Así también comenzó otra obsesión en mí: la música en vinilo.

Fuiste uno de los primeros mods de la ciudad, si no es que el más notable de aquellos nuestros Años del Frescor. ¿Cómo era la vida entonces? ¿Cómo has cambiado? ¿Cómo ha cambiado la ciudad?
Estoy en contra de autoetiquetarse. Me gusta la ropa, me gustan las Vespas y la música de los mods, pero me parecería atrevido llamarme a mí mismo mod. Eso le toca a los demás. Al final de cuentas no es Londres ni es el 65. Pero te cuento más: en mi adolescencia, a la par que escuchaba reggae y ska y traía pinta de skinhead tradicional, comencé a interesarme por la música de los 60 que me recordaba a mi madre y mi época de beatlemaniaco cuando niño. Un día, en una crisis existencial a eso de los 18 años, vendí toda mi música jamaiquina en vinilo, me dejé crecer otra vez el cabello a lo beatle y colgué las botas. Mi nueva obsesión era el trabajo y todo a lo que el trabajo duro me daba acceso: discos, libros, ropa, espressos y ginebra. Entré al mundo de los bares, como barman. Hubo varias fiestas por aquellos años de las que participé en la organización. Siempre perdíamos dinero y nunca faltaban las peleas. La temática principal era la música jamaiquina y apenas empezaban a girar discos de The Jam o algún tema R&B. Después tuve una depresión y me perdí varios años de la “escena” tanto mod como skinhead para sumergirme en los jardines de mi mente. Al paso de cinco años de inactividad de mi parte, mis viejos amigos estuvieron haciendo weekends y fiestas donde hasta la fecha se le sigue rindiendo culto a las cosas que importan y nos hacen ser quien somos.

Tuviste varios proyectos que tenían que ver con la música. Por ejemplo, Lookin’ Back.
Lookin’ Back nació como un demo de podcast. Después lo llevamos a convertirse en un evento anual donde tratábamos de unir los puntos que hay entre la música jamaiquina y la música que escuchan los mods. El nombre se lo pusimos por la canción de Johnny “Guitar” Watson que también es covereada por Los Buenos y también por John Mayall, todos músicos a los que respetamos y admiramos. Además hacíamos referencia al hecho de mirar hacia atrás o de recordar algo. 

Conoces la “vida nocturna” de León (por llamarle de alguna manera.) ¿Cómo ha cambiado? ¿Qué cosas emocionantes siguen pasando?
León es una ciudad conservadora. De cierta manera todo transcurre en escala de grises y sólo pocas personas le ponen color al paisaje. La apatía juvenil es un mal que aún sigue impidiendo el desarrollo cultural de la ciudad. 

¿A qué se debe esa apatía?
A principios de la década pasada empezó la ley Cero Tolerancia. Ahí murió mucho del entusiasmo y del espíritu de la juventud leonesa. Cualquier expresión juvenil fue ridiculizada y perseguida. Allí dejaron de existir movimientos como el punk, que era muy fuerte en León. Tenían eventos cada mes con bandas internacionales y llenaban salones de punks y anarcopunks. Estuvo alguna vez Sin Dios en el Salón Campesino, @patía vino desde Venezuela, vinieron Los Muertos de Cristo. Hay que recuperar las calles, difundir la música, armar distribuidoras de discos, fanzines, páginas web, panfletos, conciertos (¡aunque no haya permiso!) La cosa es que así de grande sólo ha habido modas con una base muy poco firme.

Pero, sobre todo, la unión es lo más importante para poder romper con la apatía. If the kids are united… 

Has organizado innumerables fiestas, has estado en prácticamente todas. ¿Cuáles recuerdas con especial cariño? ¿Cuáles fueron las peores?
La fiesta que más recuerdo fue en San Luis Potosí. Se llamaba Put On Your Dancing Shoes, en 2004, y ni siquiera tenía edad legal para estar ahí. Tenía 15 años y tuve la oportunidad de escuchar una selección de ensueño de música skinhead reggae a cargo de Lola Díez y Alfonso Sacristán (de Segovia, España, Torpedo17.) De regreso tuve que pedir al conductor del autobús se apiadara de mí y de mi hermano gemelo porque nos habíamos gastado todo nuestro dinero en cerveza y discos.

La peor fue un weekend organizado aquí en León donde además de una batalla campal, nos robaron el equipo para los DJ’s en medio de la confusión. En parte por estos desafortunados eventos me alejé por unos años del mundo del underground leonés. 

Algo parecido me sucedió. ¿Qué le falta a León?
Bares con estilo, weekenders, tiendas de ropa bonita a la medida, que nos reapoderemos del espacio público. Podcasts, fanzines, conciertos. Pues, nada más eso. 

De tus experiencias en el mundo de la música, ¿cuáles han sido las más emocionantes? ¿Y  las menos?
La más emocionante fue el concierto de Skatalites en el D.F. Un skinhead que no conocía me cargó en hombros para que pudiera grabar en vídeo el concierto. Los skinheads se habían apoderado de toda el área de adelante y entre tanto baile y peleas no se podía grabar bien.

Las menos, varios eventos del Festival Cervantino que no pude apreciar porque mucha gente ignorante se la pasó chiflando y gritando sandeces a los artistas que se presentaban. Uno fue una noche electrónica alemana que va más pegada a la música que salió de los laboratorios de Köln, onda Stockhausen. El artista que abuchearon fue Atom TM, verdadera eminencia de los sintetizadores y la música digital. Es conocido por ser el alma de Sr. Coconut, otro de sus proyectos más bailables. Los que lo abuchearon querían escuchar música dance. Ya sabes, “punchis-punchis.” 

¿CD, vinilo o mp3?
Vinilo. 

¿Qué le falta a los grupos mexicanos (por no hablar de una escena) para hacerlo en grande y hacer gran música?
Dejarse de pedanterías y apoderarse de las calles, salir del guetto mod o skinhead o el que sea que no permite que esto crezca. 

¿John Lennon o Paul McCartney?
Pete Townshend. 

¿Qué grupos o artistas eliminarías del mundo para que fuese un lugar mejor?
Definitivamente nadie necesita a One Direction o a Justin Bieber. 

¿Tienes algún gusto musical culpable?
¡Oasis! 

¿Cuál es tu bebida?
Ginebra. Bombay Sapphire en un vaso old fashion con un pequeño toque de agua tónica y una lasca de limón. Una verdadera epifanía si se está en el lugar adecuado con las personas adecuadas y, obvio, la música adecuada. 

La pregunta molestamente obligada de estos cuestionarios: ¿Podrías nombrarnos tus 10 discos indispensables? Sé que es difícil, pero sólo 10.
Don Drummond, Greatest Hits.
Jimmy Smith, Home Cookin’.
Ray Barreto, Señor 007.
Hippy Boys, Reggae with the Hippie Boys.
Mulatu Astake, NY-Addis-London.
Artwoods, Art Gallery.
Los Negativos, Piknik Caleidoscópico.
The Stooges, Fun House.
The Jam, In the City.
The Redskins, Neither Washington nor Moscow.
Biff Bang Pow!, Oblivion.

Sí, son 11, pero no lo pude evitar.

¿Y diez singles?
Bo Diddley, You Pretty Thing.
Betty James, Little Mix Up.
Koko Taylor, Wang Dang Doodle.
Little Luther, Eenie Meene Minie Moe.
The Shades, Never Gonna Give You Up.
Lorenzo, I Will Never Let You Down.
Alton Ellis, La La La La Means I Love You.
Duke Browner, Crying Over You.
The Artistics, Hope We Have.
Los Negativos, Moscas y arañas.
Albert Band, Ella tiene el cabello rubio.

Ups, lo hice de nuevo. ¡Es que son tantas canciones!

¿Películas? ¿Libros?
Toda la filmografía de la nouvelle vague francesa, especialmente Godard. Recomiendo leer a la santísima trinidad que son Efraín Huerta, José Revueltas y Mario Santiago Papasquiaro. 

¿Alguna recomendación de algo que no podamos perdernos?
El próximo relanzamiento del podcast de  Lookin back , muy pronto con un monton de música para viejovenes. Ademas de Allnighters bien organizados.

C/S.

Dos discos nuevos: Goat, Commune y Allah-Las, Worship the Sun.

In Uncategorized on September 10, 2014 at 12:26 pm

Escrito originalmente para LaPopLife.com y publicado el 22 de agosto de 2014.

Goat, Commune.

4 de agosto, 2014

I
El domingo por la tarde, después de un fin de semana ajetreado, llegué a casa. Me encerré en el cuarto en donde tengo mis discos y mis libros, dispuesto a escribir. Primero que nada abrí la ventana. Afuera se escuchaba música. A unos metros de casa hay un terreno que a veces se usa para fiestas. Había una. Sonaba una canción pop bastante famosa; luego sonó una de banda. Y luego, una de John Lennon, esa que me saca ronchas. Las tres fueron cantadas a todo pulmón por una voz que delataba a un jovenzuelo, tal vez de unos catorce años. Su convicción al cantarlas (y que su voz se escuchara hasta tan lejos) me gustó mucho. A veces los prejuicios nos nublan la vista. 

Música es música. Y la euforia causada por ella es por lo general honesta. Visceral. Brutal. Ponerle etiquetas es práctico, pero se ha convertido en algo enfermizo. Música es música y hay una que nos gusta y otra que no. El chaval cantó con ganas. El chaval se hizo su tarde. Y, de paso, sin querer y sin saber, la mía. Música es música.

II
Goat es un grupo sorprendente. Me enganché a la primera. La tentación inicial y tal vez inevitable fue intentar colocarlos dentro de algún movimiento, de alguna etiqueta. Es un vicio que tenemos algunos. Y, claro, ahí está el título de su primer disco para hacernos dar el paso el falso. 

A veces los prejuicios nos nublan la vista: son suecos y uno no espera esta música de un grupo nórdico. Pero por eso me gusta el mundo: las sorpresas existen y tal vez no deberían. La posibilidad de algo siempre está allí y hay probabilidad de que suceda.

Goat es más una idea hecha realidad que un grupo rock. Es un colectivo más que un supergrupo. Es, según dicen sus integrantes hoy, una tradición que por fin encontró una manera de perpetuarse: el disco. Intentar permanecer y no morir grabándose, registrándose, documentándose: una idea del XX con la que el XXI se ha obsesionado, pero que se ha perdido en la entropía. Si seguimos la historia que ellos mismos han intentado regar por los medios, Goat nace de una larga tradición de música en Korpilombolo, una pequeña aldea al norte de Suecia, en la provincia de Norrbotten, un lugar frío y donde la naturaleza aún manda sobre el ser humano. La música del lugar ha sobrevivido por generaciones, que heredan el conocimiento y la técnica para mantener vivo el linaje; por tanto, Goat no es un grupo pop en el sentido de que pusieron un anuncio en una revista musical para reclutar un baterista que gusta del C86 y de los Archies. No, si hemos de creer lo dicho (y por qué carajos no creerlo) Goat sólo es una coma en una larga narración de cientos de páginas, un pequeño eslabón de una tradición musical que tiene un gran pasado y (sobre todo) un futuro halagüeño. Pero, siendo francos, ¿no es así toda la música? ¿No somos todos los que hacemos música, los que vivimos música, los que escribimos música, sólo una parte de un gran todo? ¿Una letra de un libro cualquiera en la gigantesca Biblioteca de Alejandría? ¿Una que un día puede quemarse y desaparecer? ¿Y aun así no nos importa en absoluto y estamos orgullosos de ser esa ínfima partícula de polvo en la esquina de un libro de una inmensa biblioteca? Espero no haberme puesto demasiado intenso. Pero así siento yo y así pienso yo. Eso hago.

Por eso a Goat les creo. En cuanto a ideas, me compraron. Pero luego está su música. ¿Por qué ya casi nadie habla de música?

III
¿A qué suena Goat? Esa es, seguro, la pregunta de quien esto lee. Habrá que descubrirlo. ¿Desde cuándo las palabras pueden describir eso? Yo no puedo y llevo años intentándolo. Pero ahí va, de nuevo: Goat suena a felicidad, a seres humanos haciendo lo que más les gusta, a música hecha con las tripas y el corazón. Si tuviera que ponerme forzosamente descriptivo, diría que Goat suena como a eso que ocurriría si tomara de manera aleatoria veinte discos de mi colección, todos de estantes diferentes (aquí es donde las etiquetas sí funcionan) y los pusiera a sonar al mismo tiempo. Si tuviera veinte tornamesas distintas. Si tuviera el tino de ponerlos todos con el timing correcto. Porque Goat es un maldito caos. Un caos armónico. Otros cronistas dirían aquí que son “una mezcla de” tal y cual, una “fusión de” un mundo y otro, pero eso no existe: los universos colapsan unos con otros de modo constante y Goat es prueba de ello. La vida es prueba de ello. Si sorprende es porque es armónico, porque a veces ese colapso implica violencia. Si sorprende es porque se atreve a ser vibrante en un mundo aburrido, inventivo en un mundo yerto, imaginativo en un mundo a punto de fiambre. Porque sus guitarras suenan a lo que seguramente sonaban las guitarras de Hendrix para la gente de 1966. Porque su descaro suena a lo que, es casi cierto, sonaban los gritos de Chuck Berry en 1956. Porque así es la música y el día en que deje de sorprender y de ingeniárselas, el mundo se va a acabar y el universo (conocido para nosotros) va a perder sentido. Así es esto y lo digo de una vez. 

IV
Goat con Commune logra un disco increíble que hace que uno ponga play una y otra vez. Así. En tiempos de guerra y conflicto, Commune suena a un mundo unido. Y es algo espléndido. Música es música. Y la euforia causada por ella es por lo general honesta. Visceral. Brutal. Acabo de experimentarlo, tras la décima vez (39 minutos cada corrida, 390 minutos de mi vida, seis horas y media y las que faltan) que puse play. Ojalá ustedes allá afuera sean tan felices. Yo ya la hice. 

* * *

Allah-Las: Worship The Sun.

Cuando escuché el primer single de Allah-Las, Catamaran (¿2011?), me quedé helado. Me encantaba lo que sonaba: el viejo rock de garaje de la Costa Oeste, sólo que nuevo. Sí, la gran paradoja: lo viejo retoma su sentido en lo actual. O algo así. Viejonuevos. Nuevoviejos. Su segundo 7” sólo confirmó que a esos tales Allah-Las había que ponerles atención.

Me pasó lo mismo con sus LPs: el primero fue sorpresa y el segundo, confirmación.

La música que hacen es, siempre ha sido, la música de los outsiders. Después, ya no se sabe: la apropiación es lo de hoy y, como comentaba Héctor Gómez Vargas, los significados están cambiando. ¿Qué significará un tatuaje, por ejemplo, en la era post-Bieber? ¿Qué significará esta música en uno, dos años? ¿En seis meses?

Pero así es el pop: efímero, cambiante, resignificante. Supongo. Esta música, como sea, sigue viva y lo seguirá mientras haya calentura vital.

Worship the Sun es una excelente continuación de lo que habían hecho en su primer LP. Siempre he dicho que este tipo de música funciona mejor en singles, pero estos tipos hacen que funcione en LP. Es perfecto para una fiesta llena de mescalina, gente desnuda por todos lados toqueteándose por todos lados y luces estroboscópicas. O, para nosotros, los mortales, los de a pie, para un viaje en carretera, para devorar cerveza o tequila o para impresionar a la chica cool esquiva. Es un disco de tarde de sábado (preferiblemente soleada), guitarrero, con ecos a esos otros 60 que ahora se han convertido en los 60 de libro para muchos: Byrds, Seeds, Love. Puro California, vamos. Pero, ojo, no es una cuestión revivalista. Creo que eso queda claro al escucharles. Ya lo han dicho ellos: pertenecen a una generación en la que la música ya no tiene un sentido lineal del tiempo. Están en la búsqueda de un timeless sound. Van por buen camino.

Los tiempos están a-cambiando. Ojalá los Allah-Las mantengan el buen tino. Ojalá el viejo y honesto rock and roll de guitarras siga gozando de buena salud porque nadie, dije nadie, necesita más guitar heroes; hacen falta canciones emocionantes, bandas en los garajes, chavales nerviosos en las calles tamborileando ese viejo ritmo que es nuevo. Algo como lo que suena en este disco, quiero creer.

Ojalá los Allah-Las sepan destrozarse a tiempo. Para conservar un cadáver joven y lindo. Para que no dejen de ser Allah-Las nunca.

C/S.

“Que se haga la música que se quiera, yo soy muy feliz con la mía.” Entrevista con Millo Salgado.

In Uncategorized on September 3, 2014 at 7:01 pm

Millo Salgado

Publicado originalmente el 15 de agosto de 2014.

Le dicen Millo, pero se llama Emigdio. Es arquitecto, fotógrafo y músico. Es de Colima. Le conocí gracias a sus hermanos, Carlos (Acimut Records) y Álvaro (Pixie, entrevistado ya para esta misma columna.) Y es uno de los tipos más interesantes que conozco y eso que hemos conversado apenas brevemente. Hasta hoy. Por suerte. Porque su música ensimismada me parece brillantísima y porque su fotografía debo describirla (recurriendo a la música, que es de lo que más o menos sé) como si The Sweetest Ache en sus primeros discos se convirtiese en luces y sombras. Su “mirada” fotográfica me sorprende cada vez. Es de esos sujetos que te hacen creer que hacer música o tomar fotos es fácil, cuando no: lo que pasa es que son demasiado buenos. Él se describe sencillamente así: “Amo la música y la fotografía y creo que no odio nada en especial. Quizá me molesta muchísimo que la gente hable por hablar y juzgue por juzgar.”

¿Cómo nace en Millo la obsesión vital, la Obsesión, por la música y los discos?
Lo dices bien, Obsesión con mayúscula, porque es casi como eso. Un primo mío tenía antena parabólica y comencé a grabar vídeos de MTV. Grababa de todo. En ese tiempo estaba descubriendo mi camino, aunque ya imaginaba para dónde iba porque cuando entre todo el pop ochentero entraba un vídeo de Depeche Mode o Gene Loves Jezebel, yo sabía que eso era diferente. Luego unos amigos tenían este cassette que ponían en un puesto de tortas en la feria local: el lado A era “Kiss Me Kiss Me Kiss Me” de The Cure y el lado B, “Black Celebration” de Depeche Mode. Era octubre o noviembre de 1987 y me obsesioné con que me prestaran ese cassette, para copiarlo. Ahí empezó todo. Otro amigo llegó de Europa con vinilos increíbles. En una Jeep Wagoner de otro amigo, andando por el centro de Colima, escuché por primera vez a The Church. Era “Hey Day” y fue maravilloso. Comencé con lo que sonaba en esos años ’87 y ’88 y luego me fui a investigar hacia atrás.

¿Cómo y cuándo comenzaste a hacer música? ¿Qué te movió a hacerlo?
Quise hacer lo que escuchaba, quise ser yo el que hiciera esos sonidos que oía. Pero nunca estudié música. Con trabajos toco la guitarra o el bajo. Fue en el ’94 cuando un amigo de la carrera de arquitectura en Guadalajara me prestó una guitarra acústica y me puse a “escribir” canciones. Fue el primer año que junto a mi amigo Francis Levy grabé algunas cosas en su radio y comencé a ensayar con Alberto Guedea y Vishlay Pineda.

¿Te sientes parte de alguna subcultura musical o te identificas con alguna?
No. Pero, aunque escucho cosas interesantísimas, sigo atrapado en los ochenta. Nada lo supera.

Sé de buena fuente que organizabas noches de visionado de vídeos de música. Me habría encantado asistir a alguna. Cuéntanos más de ello.
En MTV existía este programa llamado 120 Minutes que era una maravilla. Lo veíamos todos. Algunos lo grababan y lo prestaban, sobre todo con Dave Kendall, uno de los primeros presentadores. Claro, todo esto fue antes de Nirvana, así que lo “alternativo” realmente era alternativo, no como ahora. Recuerdo que hasta tenía un video de Abecedarians grabado de 120 minutes.

¿Qué vídeo era?
“Soil”, que fue la primera canción que escuché que me impresionó tanto con las texturas de las guitarras. Era un poco como Dif Juz, pero más oscuro.

Bueno, con todo esto de YouTube y mi obsesión con la música, comencé primero comprando bootlegs de vídeos a un turco y productos oficiales de bandas que me gustaran. Me di cuenta que en YouTube había cosas viejísimas, algunas incluso muy subterráneas. Al tener una buena cantidad de material se me ocurrió juntarnos a “ver” música, no sólo a escucharla, y resultó muy divertido. No se hablaba de otra cosa más de lo que estaba uno viendo. Incluso si se te ocurría estar charlando de otros temas eras casi corrido del cuarto, o mal visto.

¿Por qué Emma (es un gran nombre, te lo digo)? ¿Qué otras personas están detrás de ese ruido?
Después de La Canica Azul (un nombre excelente por cierto, sacado de aquel programa que pasaban por Imevisión en los setenta y ochenta, Big Blue Marble) teníamos que ponernos algún nombre porque seguí grabando cosas con Francis. En ese momento estaba leyendo Madame Bovary de Flaubert y tan tremendo se me hizo el personaje llamado Emma que, al principio y como un juego de palabras, le pusimos al grupo Sin-Emma en un rechazo al comportamiento del personaje y en una referencia al cine (cinema) que tanto nos gusta a Francis y a mí. Al final fue solo Emma.

Creí que tendría algo que ver con The Field Mice…
The Field Mice tiene su rola, muy buena por cierto, que se llama “Emma’s House.” Pero no tiene nada que ver.

Cuéntanos la historia de Emma. ¿Han tocado en vivo? ¿Qué sigue para emma?
La única vez que toqué en vivo fue con La Canica Azul, dos veces en realidad, y es todo. Desgraciadamente no es algo que haga el 100% del tiempo, yo estoy con mi trabajo y Francis con el suyo. Cuando me dan ganas (y este año fueron muchas) grabo en el Garage Band, en mi oficina. En el último par de meses hemos estado grabando más en forma porque un amigo que es dueño de un agua de coco de acá, contrató a Francis para hacer los vídeos promocionales de su producto y la música será de Emma, así que estén pendientes. Se supone que en la presentación tendremos que tocar en vivo. Imagínate.

Francis sigue en Colima, metido de lleno en el cine. Fue medalla de oro en un festival de cine de Colombia de cortometrajes basados en tweets.

¿Cómo es Colima en cuanto a música? ¿Es una atmósfera propicia? Estuve allí brevemente hace unos años, tocando. Me gustó. Peligroso. Unos moteros querían golpearnos.
Es un lugar extraño, bastante extraño y confuso. Aquí no puede decirse que se escucha buena música, pero estoy seguro de que si juntáramos los discos de quienes conozco armaríamos una de las colecciones más grandes de México. Y también te puedes encontrar un día escuchando a Stereolab en la radio o a amigos de tus amigos que en su iPod traen banda pero también a James. Es extrañísimo.

De tus experiencias en el mundo de la música, ¿cuáles han sido las más emocionantes? ¿y las menos?
En 2004 Francis trabajaba en Neuron Audio en la Ciudad de México y fui allá a grabar en su estudio, porque se suponía que íbamos a sacar ya algo bien hecho. Claro, como siempre con nosotros no pasó nada, pero estuvo padre porque me encontré con un par de amigos que nunca había visto pero conocían mi música. Fueron a encontrarme al Chopo, me dijeron cosas agradables de lo que hacía y fue muy emocionante porque eran casi extraños para mí. Me sentí casi como si tuviera fans. Y la otra cosa fantástica fue que una foto mía, de mi hijo nadando en el mar, es la portada del nuevo álbum de Breaks Co-Op, Sounds Familiar, de Nueva Zelanda.

¿Cómo sucedió eso?
Al principio en Instagram hice muy buenos amigos. Una de ellos es Agnès Spaak, hija del director y escritor de cine Charles Spaak. Otro amigo fue Andy Lovegrove, productor en alguna ocasión de Supergrass y vocalista y compositor de Breaks Co-Op. Me buscó y me dijo que quería poner la foto en algún álbum o single, que por más que buscaban esa era la que les gustaba. Yo pedí a cambio un álbum y un póster autografiado.

https://itunes.apple.com/nz/album/sounds-familiar/id740814046

¿Qué le falta a los grupos mexicanos (por no hablar de una escena) para hacerlo en grande y hacer gran música?
No sé mucho de los grupos mexicanos, ¿sabes? Pero para hacerlo en grande hay que tocar y tocar en todas partes, no sé si lo hagan. Ahora puedes hacer tu vídeo casero y subirlo a la red y que te escuche mucha gente. Parecería que la tienen más fácil que antes, ¿no?

¿CD, vinilo o mp3?
Vinilo por supuesto. Los mp3 son prácticos pero no son una colección de música. Cedés, ¡uf! ¡Ya ni los toco!

¿Cómo va la fotografía? ¿Cómo nace esa otra Obsesión? ¿A dónde te ha llevado?
La fotografía es algo grandísimo para mí. Siempre veo todo como una fotografía, a veces de manera automática. Comencé en el ’94: me compré una cámara en San Juan de Dios y tomé seis meses de foto con Thelma García en el ITESO. Luego dejé la cámara muy dormida hasta que las aplicaciones para el móvil y el querer documentar a mis hijos me la despertaron otra vez. Desde entonces no he parado. Me ha llevado a ganar premios en internet (el Hipstography Award 2013, categoría Waterscape of the Year), un premio aquí en México y a exponer en Estados Unidos, Canadá, Inglaterra, Italia y España. También fui runner-up en una categoría y menciones en los Mobile Photography Awards 2012, categoría Children. En México sólo he expuesto en Colima. ¡No me han invitado a ningún lado del país! Aquí en México saqué el año pasado el tercero lugar de entre más de 900 participantes en una revista llamada Membrana con una serie de ojos cerrados que puede verse en mi sitio web: www.millosalgado.com. Pero la historia no terminó muy bien y prefiero no hablar de ello.

¿John Lennon o Paul McCartney?
Lawrence Hayward.

¿Qué grupos o artistas eliminarías del mundo para que fuese un lugar mejor?
El mundo es mejor cuando escucho algo que no me gusta y luego sonrío porque sé que soy muy feliz con lo mío. Así que por mí que se haga la música que se quiera, no importa qué tan basura, mala o buena sea. Así reafirmo mis convicciones.

¿Tienes algún gusto musical culpable?
Absolutamente no. Lo que me gusta es así y no hay nada que temer.

¿Cuál es tu bebida?
Cerveza.

La pregunta molestamente obligada de estos cuestionarios: ¿podrías nombrarnos tus 10 discos indispensables? Sé que es difícil, pero sólo 10.
Felt, Ignite the Seven Cannons.
Galaxie 500, On Fire.
Belle & Sebastian, The Boy With The Arab Strap.
Pale Saints, The Comforts of Madness.
Red House Painters, Down Colorful Hill.
Teenage Fanclub, Shadows.
The Church, Hey Day.
The House of Love, The German Album.
Steve Reich, Music for 18 Musicians.
His Name Is Alive, Home Is In Your Head.

¿Y diez singles?
Eyeless In Gaza, New Risen.
Crystal Stilts, Crystal Stilts EP.
The Clientele, A Fading Summer EP.
Black Mountain, The Hair Song.
Cast, Magic Hour.
Felt, Mexican Bandits.
Gene, Still Can’t Find The Phone.
John Maus, Hey Moon.
Moose, Cool Breeze EP.
Razorcuts, A is for Alphabet EP.

¿Películas? ¿Libros?
Muchísimas. Tampoco juzgo el cine: si me gusta, me gusta. Igual disfruto Prometheus que Amarcord. Amélie me deslumbró, además de que Jeunet me sorprendió con sus colores después de las oscurísimas Delicatessen y La Ciudad de los Niños Perdidos. Amélie empieza con la mención del 3 de septiembre, que es el día en que nació Jean-Pierre Jeunet y es también mi cumpleaños. Me gustan la ciencia ficción, los aliens y los zombies. Y me molesta (ya recordé otra cosa que me molesta) que estén viendo un zombie que quiere comer y mueva la boca y la gente del cine se ría. Es decir, si no quieres ver zombies no vayas a interrumpir, ¡después de todo así le hacen los zombies! Supongo que estas personas también van a burlarse y a reírse de que los orcos no existen. Libros: recuerdo el de Javier Marías, Mañana en la Batalla Piensa en Mí. Su narrativa me dejó impactado y la historia, no se diga. Fue lo primero que leí de él. Juan José Millás también me gusta. Hay un libro de Yourcenar que se llama Cuentos Orientales, una colección bellísima de relatos, y su novela Opus Nirgum es intensa también. Zazie en el Metro, de Raymond Queneau, es divertidísimo. Nunca he visto la película.

¿Alguna recomendación de algo que no podamos perdernos?
Cuando salgan los videos del agua de coco con la música de Emma. Y el cine de Francis Levy. ¡No se lo pueden perder!

Emma puede escucharse aquí: https://soundcloud.com/millo-salgado

C/S.

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