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“La música no es un accesorio.” Entrevista con Juan Carlos Yebra.

In Uncategorized on October 15, 2014 at 3:54 am

Carlton

Publicado originalmente el 26 de septiembre de 2014.

“Juan Carlos Yebra es su nombre.” Así empezaría un corrido heroico que narre sus aventuras y vaya que lo merece. Con todo, ese es tal vez el apelativo que menos escucha de boca de los demás. Algunos me dicen Carlos, Archivaldo, Brixton Cat (el alias que usaba cuando lo conocí), Carlillos, Carltrón, inclusive Juanito. Yo prefiero llamarle Carlton, que también así se le conoce. Es un tipo que ama la música. No, en serio, cuando tú piensas que amas la música es sólo eso: piensas que lo haces. Tu nivel de pasión será siempre menor al de Carlton, un sujeto que conoce la Obsesión, la invita a cenar, la toma de la mano y se la lleva a la cama. Cuando no está con las narices metidas en una tienda de discos o encontrando canciones raras, es un freelancer que da mantenimiento a los switches de edificios públicos, arregla servidores de oficinas y repara computadoras y móviles. Pero eso es sólo un medio para el fin: conocer música, siempre más. Por si fuese poco, le apasionan los videojuegos viejos, las máquinas de arcadia y es un aficionado fiel de los Panzas Verdes del León FC. Un maldito tipazo. Hemos conversado muchas veces, pero por fin registramos una de nuestras pláticas. Aquí: 

¿Cómo nace en Carlton la obsesión vital, La Obsesión, por la música y los discos?
Cuando yo era niño en la esquina de mi casa se juntaba una pandilla de cholos, en Chapalita. Todos los domingos, entrada la tarde, se reunían a tomarse unas cervezas y a escuchar música. Ellos les llamaban “oldies” pero era una mezcla de clásicos de Motown y de rock, canciones bien imprescindibles. Desde ese momento me empezó a llamar la música. Yo no sabía nada, ni tenía donde reproducir música, lo que sí tenía era la intención de instruirme.

Llegada la secundaria empecé a adquirir discos compactos, a escucharlos y después a intercambiarlos con compañeros, desde rock hasta hip-hop. El chiste era empezar a consumir todos  los discos que pudiera (y claro, digerirlos.) Poco después llegó a mi vida la música jamaicana, que tenía algo especial para mí que no había encontrado en ningún otro ritmo. Fue cuando conocí el internet y a personas con gustos musicales afines al mío, gente que ya llevaba un buen camino recorrido y que me facilitó llevar mi gusto por la música un nivel más arriba: ¡hacia los discos de vinilo!

¿Hace música? ¿Ha hecho música?
Negativo, compañero; mas no descarto en futuro poder hacerlo.

¿Por qué una vida con música es una vida mejor?
La música es vida, la vida es música. Prácticamente todo es mejor con música, puedes hacer una playlist absolutamente para todo: para beber, para viajar en autobús, para levantarte y acostarte como campeón, para iniciar o finalizar el fin de semana… Es más, si no te gusta del todo tu trabajo, la música puede hacértelo más llevadero. Pero tampoco es un accesorio. La música va de la mano con la vida, al menos de la mía.

Cada que nos encontramos me hablas de una rareza nueva. ¿Cómo hace?
Pues no podría catalogarlo como rarezas, más bien son canciones que tienen días (o semanas) dando vueltas por mi mente. Yo siento que la música te va guiando; hoy estoy escuchando una canción que me fascina, por ejemplo, y esa canción a su vez me permite llegar a otras. Los compilados me encantan por eso, porque quizá no todo el disco sea de tu agrado, pero sí dos o tres canciones. De esas tres investigas más a fondo y te escuchas un par de discos del artista. Si te agrada por dónde va el asunto, te pasas a artistas relacionados y así sucesivamente. 

¿Qué le falta a León? ¿Cómo va la ciudad?
Próximamente lo que va a faltar son lugares en zona céntrica (gracias, Bárbara) donde poder fiestear. Eventos hay, quincenales o mensuales. Me parece admirable el trabajo que hacen algunas personas para que la escena no muera. 

Sus sets de música en vinilo son siempre bailones y bastante didácticos. En una palabra, impresionantes. ¿Cómo hace?
Por diversas razones hace mucho tiempo que no lo hago, pero yo siento que lo principal de crear un set es incluir esa serie de canciones que consideres más especiales, establecer un orden para que no se desentone, y bueno, bien se puede poner en práctica todas esas reglas que enlistan en High Fidelity.

De sus experiencias en el mundo de la música, ¿cuáles han sido las más emocionantes? ¿Y las menos?
Dentro de lo más emocionante podría incluir, en general, todas esas noches antes de hacer diggin’ en los tianguis y placitas. Me acuesto pensando qué discos me gustaría encontrar, haciendo mi wishlist y planeando que ruta seguir.

Lo peor, sin lugar a dudas, me sucedió una tarde de sábado. Me había quedado de ver con unos compañeros en el parque Hidalgo para posteriormente partir rumbo a una fiesta en la que iba pinchar. Yo vivo demasiado cerca, a unos diez minutos, y me pareció una buena idea llegar a pie. Con lo que no contaba es que dos cuadras antes de llegar al sitio me emboscarían unos tipos y me quitarían cuanta posesión llevaba encima, incluidos los discos. Una tarde negra. 

Renegrida. Sí recuerdo aquella ocasión. Pasemos a otras cosas. ¿Se vale “pinchar” en otro formato que no sea vinilo?
Yo pienso que va de acorde al evento, porque algunos sí especifican el “100% vinilo.” Excluyendo eso, no le veo nada de malo llevar algún apoyo en otro formato. Hay algunas canciones que uno quisiera tener en vinilo pero, lamentablemente, tienen un costo que no siempre es para todos. Y no sólo eso; digamos que tienes el dinero, en todo caso encontrarla y poder comprarla es ya toda una hazaña, porque detrás de ti ya hay un buen puñado de gente que le sigue el rastro a tan anhelada grabación. Sabiendo esto y si las circunstancias lo permiten, lo considero algo válido.

¿John Lennon o Paul McCartney?
La verdad es que no me considero fanático de ninguno, pero si tuviera que elegir me quedo con McCartney. El otro es un mandilón de primera. 

¿Qué grupos o artistas eliminaría del mundo para que fuese un lugar mejor?
Justo ahora no se me ocurre otra cosa más que borrar de la faz de la tierra la música banda. Tengo un vecino que me está bombardeando mañana y tarde con las mismas canciones, todos los días, a un volumen exagerado. 

¿Tienes algún gusto musical culpable?
Mecano, me recuerda mucho mi infancia. Mi hermano mayor lo escuchaba muy a menudo. 

¿Cuál es tu bebida?
Cerveza, de preferencia Victoria. ¡Porque la Victoria es de México! Era…

La pregunta molestamente obligada de estos cuestionarios: ¿podrías nombrarnos tus 10 discos indispensables? Sé que es imposible, pero sólo 10.
The Tempests, Would You Believe!
The Impressions, People Get Ready.
Sun Ra, We Travel The Spaceways.
Sound Dimension, Jamaican Soul Shake, Vol.1.
Jackie Mittoo & The Soul Brothers, Last Train To Skaville.
Joe Bataan, Call My Name.
El Michels Affair, Sounding Out The City.
Giuliano Palma & The Bluebeaters, The Album.
Otis Redding, Otis Blue.
The Gaylads, Ska Days.

¿Y diez singles?
Young-Holt Unlimited, California Montage.
Tommy McCook & The Supersonics, Tommy On Bond Street.
Robert Tanner, Sweet Memories.
The Diamonds, Expo ’67 (Silhoutte).
Lil Major Williams, Girl Don’t Leave Me.
Roy Panton, Beware Rudie.
Sam Fletcher, I’d Think It Over.
The Olympians, Midnight Movement.
Prince Buster All Stars, 7 Wonders Of The World.
Ronnie Forte, That Was a Wiskey Talkin’. 

¿Películas? ¿Libros?
Brazil, Enter The Void, Awaydays, A Clockwork Orange, Trainspotting, Leaving Las Vegas, Snatch, Blue Velvet, Mulholland Drive, la serie de Friday The 13th, High Fidelity, Scarface, Blood In Blood Out, Kill Bill, Perro Callejero parte 1 y 2. ¿Libros? Julieta y el vicio, ampliamente recomendado; Justina y los infortunios de la virtud, La Metamorfosis, Memorias del subsuelo.

¿Alguna recomendación de algo que no podamos perdernos?
Sun Ra es la respuesta a todo. We travel the spaceways!

C/S.

Cicatrices.

In Uncategorized on October 8, 2014 at 12:17 pm

realde14cicatrices

Publicado originalmente el 19 de septiembre de 2014.

Rotundo: Cicatrices de Real de Catorce es, para mí, su disco definitivo. No por ellos, claro, que seguro han hecho cosas mejores y peores, usted juzgue. Por mí, por supuesto. Cantad misa. Wot About Me, que decía ya Wild Youth. Cicatrices es mi disco, porque es el que más he escuchado de todos los de Real de Catorce y el que más claro me habló en aquellos años en que la calle era el destino, era el camino, era nuestra profesión. ¿O no, mendas? ¿No, Eduardo Celaya? ¿No, Chibuya?

Cicatrices es el disco con el que nos jodimos la voz aullando penas, casi todas inventadas, casi todas por ello más reales. Comenzamos así, apenas, suertudos, a sentir los golpes que da la vida. Eran apenas unos rasguñitos, pero como un anticuario los guardo en el corazón. Y recitábamos las letras de José Cruz porque Amalia las anotó en un cuaderno café que luego me regaló y que aún conservo y que, además, estaba llena de historias y fotos cuando las fotos valían algo porque uno no sabía cómo había salido (chueco, chimuelo, chambón) sino hasta que se revelaban y a veces las monedas sólo alcanzaban para una opción de entre varias: una función de cine, un disco o un cassette de oferta en las cajas de las tiendas de discos del centro que ya no existen, un discreto bebercio mareador o el revelado fotográfico en el estudio de los japoneses. Dependía del humor. Y nos jodimos la voz y los pies de tanto andar aquí y allá. Eran buenos tiempos de Karen y Aura y aquella sala repleta de discos de blues y rancheras –cómo se parecen, decíamos, y qué diferentes son– y el sofá que cantaba You Are So Beautiful para quitarle la cobardía a los amarillos que no se atrevían a besar. Y yo, sentado afuera, aguantando frío, pensando en cómo decir lo que quería decir para que sonase tal como lo quería decir, porque equivocarse iba a ser delicado, porque equivocarse era joderse cada vez más la voz, porque… Y nos metíamos de nuevo a esa sala, entrábamos por la ventana y dejábamos entrar al gato, veíamos álbumes de fotos de gente que no conocíamos, jugábamos a cualquier tontería, reíamos de verdad. De verdad.

Y nuestras enredaderas mentales de púas de alambre se convertían en palabras de dandi encadenado y nos sabíamos unos versos: cuelga un ángel del octavo piso, parece un pañuelo, nadie se atreve a moverlo, etcétera; espero hacerte honor, José. Recitábamos a las paredes, nomás, porque a quién más. Mi relación más cercana era con un gato, un perro –nunca fuimos grandes, nunca importantes– y soñaba con estar rodeado de mujeres livianas (un lunar como corazón guiando a la cadera), Krista Allens de pechos fatuos y cabello de cascada, pero en realidad lo único que quería era caminar con la chica de pelo negro y con la de la frente pálida y con la que olía siempre bien a pesar de sus vestidos jipis y con… De noche –ya lo dijiste, José– el blues se mete a la cama de las niñas buenas, les hace el amor y les deja una flor entre las piernas. Ci-ca-tri-ces.

Necesito cantar. Necesito callar. Necesito una anforita de blues. Y nos la echábamos, porque cómo no. Nosotros y nuestra pandilla de vivencias. Siempre quise escuchar en la radio esa canción que inventamos, ¿dónde?, ya no me acuerdo, sobrios, una noche, al aire libre, todavía no había distracciones electrónicas y había que buscarse las analógicas: un radio de pilas sobre el césped y ya, esperando escuchar una canción que describirse las horas mejor que nosotros, que nos enseñara que el amargo sabor de la cerveza iba a hacerse cada vez más dulce, al contrario que el amor. Cicatrices.

Eran los tiempos de los discos del Moody Blues y los Bluesbreakers y no olvides el ritmo, Karen, no dejes que te lleve el viento así que mueve esos pies y, Aura, calma, que ya sale Dante a darnos qué hacer, una razón por simple que sea con tal de no cortarse las venas. Era tiempo de comenzar a sentir el tufo de esta patria orinada, hijastros de un narco-país, de hervir de rabia y de ansiedad, de cerrar los puños e intentar, de la única jodida manera que teníamos, llamar la atención hacia la razón que teníamos (y cuánta teníamos.) En esta vida el mundo es así: pagas derechos por comerte una flor. En este mundo la vida es así: becerros de oro podando el jardín. Un alto voltaje en las venas, los ojos rojos, despeinados pero luciendo como nunca. Descubrimos los jerséis de cuello alto, los botines cubanos, las boinas y los pork-pies; dejamos que Ella Fitzgerald hablara mientras un cigarrillo pasaba de mano en mano de boca en boca y no hubo mejor escuela que esa. Poníamos Blue Suede Shoes en el viejo tocadiscos que heredé porque ese era uno de los viejos discos que heredé, brincamos en el sofá que yo usaba de cama, pegamos posters y rayamos paredes, lloramos por nosotros, hicimos cintas para regalar al primero que pasara. Siempre he querido escuchar en la radio esa canción que inventamos borrachos a la salida de aquel bar en la rotonda cuando fundamos la Cofradía de los Chalados, sólo porque habíamos leído Las Flores del Mal apenas entendiéndolo –y, por eso, entendiéndolo por completo, siempre más y mejor que un académico– y porque comenzábamos a presumir a William Blake y a Papasquiaro. Celaya y Chibuya competían a ser Papasquiaro, no sé si queriendo o sin querer, porque les dio por la grafomanía y escribían cualquier cosa en servilletas y cajetillas y mesas y ya paren porque me fastidian y en las espaldas de las chicas a las que yo nunca me pude acercar y sobre gradas y butacas y pantalones. Hikuri, firmaban: carne-Dios, viaja al túnel de su voz.

Bebimos y vivimos. De musas nos hartamos. Tocamos las costillas de nuestra muerte joven. Bebimos y vivimos. De amigos nos rodeamos. Algunos se perdieron. Algunos se encontraron. Respeto a todos ellos. Y a nuestros contrarios, también merecen honores.

Rotundo: Cicatrices de Real de Catorce es, para mí, su disco definitivo. No por ellos, claro, que seguro han hecho cosas mejores y peores, usted juzgue. Por mí, por supuesto. Cantad misa.

C/S.

“León tiene como diez años de atraso en relación con otras ciudades.” Entrevista con Laisa López.

In Uncategorized on October 1, 2014 at 12:21 pm

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Publicado originalmente el 12 de septiembre de 2014.

No recuerdo cuándo vi por primera vez a Laisa López, una cara más entre las decenas que hablaban, con ojos como pelotas de golf, y saltaban y sudaban y bailaban y gesticulaban en aquellas noches de los Días del Frescor. Sólo recuerdo que esa cara se hizo permanente y comenzó a estar en todos lados. Y eso fue muy bueno. Laisa López se enamoró de la vida del underground sin motivo, pero sin remedio. De profesión es gestora cultural. Trabaja entre pinceles, óleos y bastidores en el estudio de un artista. Es mamá, pinchadiscos y editora del Fanzine del Cerdo Violeta. Y está convencida de La Vida Total, de hacer de sus días una obra de arte con cada cosa que hace. Ella se describe así: “Tengo dos grandes pasiones: una son las artes visuales y la otra, la música, por supuesto, también soy una fiel amante del legado proveniente de la década de los 60.” A nosotros nos consta que si usa la palabra “pasiones” lo hace de manera genuina. Conversamos y así nos fue:

¿Cómo nace en Laisa la obsesión vital, La Obsesión, por la música y los discos?
Desde la secundaria empecé a ir un poco a contracorriente en cuestión de música, aunque el punto de partida ya dentro de esto fue en una fiesta a la que llegué por casualidad. Durante toda la noche sonó música que nunca antes había escuchado, era una fiesta más en la onda skin. Fue amor a primer oído. A partir de entonces seguí asistiendo a casi todas las fiestas y eventos relacionados, buscando más música y una cosa fue llevando a otra: desde entonces me enganché con esa música y lo que sucedía en torno a ella. Y los discos para mí son parte fundamental, son un complemento. Todo esto gira alrededor de ese objeto. Literalmente, todo.

¿Te identificas plenamente con alguna subcultura?
Tengo afinidad con la subcultura mod, sobre todo en cuanto al estilo, la estética y obviamente la música.

¿Cómo han sido tus proyectos musicales? ¿Y de gestión de cultura? ¿Cómo va eso en León? ¿Qué le falta?
Empecé haciendo algunas fiestas caseras, algunas veces con motivo, otras sin otro que el de  juntarnos a escuchar música, bailar y qué sé yo. Eventos de música ya más “formales” fueron organizados con Lalo D. Aguiñaga, los de la Fiesta del Cerdo Violeta. Luego hicimos fiestas septembrinas de Puros Killers Mexicanos, una fiesta con sonidos mexicanos en vinilo. Entre lo último que hemos hecho está Leóndon Calling cada mes y medio. Ya en solitario fue una fiesta especial de chicas pinchadiscos: Swinging Mademoiselle, que espero volver a realizar a finales de este año.

No es sano comparar, pero creo que León tiene como diez años de atraso en relación con otras ciudades. Se tienen buenas intenciones, pero eso no basta. La mayoría de los proyectos culturales que se hacen parecieran ir dirigidos siempre al mismo público. Se deben hacer cosas más sólidas, con un estudio previo y darles continuidad. Dentro de lo bueno, parece que León va despertando, cada día hay más lugares y eventos de calidad y se tiene conciencia de lo importante que es esto para la ciudad.

Cuéntanos acerca del fanzine del Cerdo Violeta. ¿Cómo inicia? ¿Cómo sigue? ¿Qué será de él en el futuro? ¿En qué otras cuestiones del estilo has participado?
El primer número que lanzamos fue hace un par de años. Después de mucho tiempo de platicarlo por fin nos decidimos a hacerlo junto con varios amigos que quisieron participar y que a la fecha siguen en el proyecto, al menos la mayoría de ellos. La idea del fanzine es que cada número sea sobre un tema específico y con cada uno, para su lanzamiento, hacemos una fiesta de presentación a la que invitamos DJ’s y bandas locales y de otras ciudades. Va bien. Siempre es un gusto ver las mismas caras y más aún, ver caras nuevas en las fiestas, gente que se la pasa bailando toda la noche, chicos que van exclusivamente por su fanzine. Me gusta que no sea simplemente ir a una fiesta, sino que ya no te vas con las manos vacías. Es agradable estar leyendo al día siguiente, en plena resaca, a tus amigos o a gente que conoces. Actualmente estamos empezando a armar nuestro sexto número que va sobre música y estamos muy contentos por los artículos y las ilustraciones que hemos recibido. ¿Sobre el futuro? Lo único cierto es que nosotros seguimos mientras nos lean y asistan a las fiestas de presentación.

De tus experiencias en el mundo de la música, ¿cuáles han sido las más emocionantes? ¿Y las menos?
De los mejores momentos, sin duda, ir al D.F. al show de los Granadians en 2009, Los Toasters en Guadalajara, Madness en el Vive Latino, los Peyotes en el Alicia, Roy Panton en el salón Bombay. No sólo por las bandas, también por la compañía. Aquí en León: las fiestas de San Fe (¡todas!), el show de los Staggers en el Orange y The Cynics en el Jaibol, más aún porque nos invitaron a pinchar. Fue increíble y, por supuesto, las Fiestas del Cerdo Violeta (excepto una.) Las menos, cuando las cosas se salen de control: las riñas no son parte de esto, menos cuando ya afectan a otros, cuando paran la fiesta e incluso provocan que los chicos no vayan más.

¿Qué le falta a León, musicalmente? ¿Qué hemos hecho bien? ¿A México?
Faltan foros, faltan más eventos y bandas, falta más gente que se involucre en esto con otras propuestas, ser más participativos, invitar chicas y chicos nuevos. Nos falta algún espacio que nos sirva como punto de encuentro, al que vayas y te encuentres a tus amigos y se escuche buena música. Me da gusto ver a varias personas tan involucradas en esto, haciendo buenas fiestas, coleccionando discos. Muchas de las bandas que yo conocí en un inicio siguen ahí, aunque ya no sea tan cotidiano. También siempre es bueno ver a las mismas personas que siguen aguantando, haciendo sus cosas relacionadas con la música. He visto a muchas personas simplemente desaparecer, a otras perder el alma y volverse apáticas. Hemos crecido y ya no es lo mismo de antes, tenemos otras ocupaciones y responsabilidades, ¿pero dónde quedó el vivir para el fin de semana? Aunque si no hay nada que hacer, es difícil hacerlo. Otra cosa que me gusta de León es que no nos seccionamos tanto en cuanto a gustos musicales siempre y cuando sigan la misma línea y en las fiestas puedes escuchar un montón de cosas. En el D.F. hay muchos haciendo buenos eventos como Hipshakers, Reggae Hit The Town y  los eventos de garage de Ernesto Fuzz On, por mencionar algunos.

Tus sets de música en vinilo son legendarios en la ciudad. ¿Cómo hacer para que funcione un set en una noche de guateque? ¿Dónde consigues tus discos?
Trato de poner siempre temas para mover los pies, canciones que identifiquen y se puedan cantar. También me gusta poner temas muy melosos y sonidos femeninos, no falla. La mayoría de mis discos los he conseguido en las calles: bazares, tianguis y tiendas. También compro por internet. Afortunadamente comparto con mi pareja la obsesión y contribuye a la causa con todos esos regalos de cumpleaños, aniversario, navidad. Siempre terminan siendo discos.

¿Qué sigue para Laisa?
Seguir en esto, no hay como hacer lo que nos hace felices. Sigo organizando eventos y también hay un proyecto en puerta de arte contemporáneo, In Velvet, con artistas locales. Ya pronto estaremos montando la primera exposición.

¿John Lennon o Paul McCartney?
No voy a escoger a John porque siempre debe de existir una congruencia entre lo que se dice y lo que se hace, cosa que no hizo. Y más si se trata de un músico o un artista, porque si no la hay entonces la obra se convierte en una especie de mentira. Me gustan los Beatles pero ya no tienen el mismo valor para mí que alguna vez tuvieron, así que por eliminación me quedo con Paul.

¿Qué grupos o artistas eliminarías del mundo para que fuese un lugar mejor?
Creo que todos tienen su razón de ser, aunque a mí no me gusten, pero hay algunos que sin duda nunca debieron haber existido. Grupos tipo Calle 13, por ejemplo, por aparentar lo que no son.

¿Tienes algún gusto musical culpable?
¡Tengo muchísimos! El más claro: Alaska y Dinarama.

¿Cuál es tu bebida?
Para la fiesta, cerveza.

La pregunta molestamente obligada de estos cuestionarios: ¿Podrías nombrarnos tus 10 discos indispensables? Sé que es difícil, pero sólo 10.
Los Flechazos, En el club.
Los Negativos, Piknik caleidoscópico.
The Supremes, The Supremes A’ Go-Go.
Herbie Hancock, El soundtrack de Blow-Up.
The Clash, London Calling.
Brighton 64, El problema es la edad.
Los Granadians, El temperamental sonido de los Granadians.
Joy Division, Unknown Pleasures.
The Seeds, The Seeds.
VV.AA., Pop A Paris Vol. 1.

¿Y diez singles?
Martha & The Vandellas, Heatwave.
Smokey Robinson & The Miracles, I Gotta Dance To Keep From Crying.
The Majestics, (I Love Her So Much) It Hurts Me.
Marlena Shaw, Let’s Wade in the Water.
Fontella Bass, Rescue Me.
The Elgins, Heaven Must Have Sent You.
France Gall, Cet air là.
Los Rockin Devil’s, Siempre lloraré.
Los Americans, Al final del día.
The Human Beinz, Nobody but me.

¿Películas? ¿Libros?
Sedmikrásky, Qui êtes-vous Polly Maggoo?, If…, Blow-Up, This is England, Charada, Quadrophenia, Submarine, Pulp Fiction, Grandes esperanzas. Libros: Cosas que hacen BUM y Rompepistas de Kiko Amat, Pregúntale al polvo de John Fante, En el camino de Jack Kerouac, Alta fidelidad de Nick Hornby, Compraré un rifle de Fadanelli, Un hilito de sangre de Eusebio Ruvalcaba, Lolita de Nabokov, Asfixia de Chuck Palahniuk, Animal Tropical de Pedro Juan Gutiérrez.

¿Alguna recomendación de algo que no podamos perdernos?
El  lanzamiento del nuevo número del Fanzine del Cerdo Violeta, “(Music is my) Occupation” el próximo 27 de septiembre.

C/S.

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