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Crónicas perdidas de La Trampa del Bulevar: Going Underground 2008, Living for the Weekend 2008, Black Soul Beats 2009.

In Uncategorized on August 27, 2014 at 12:19 pm

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Publicado originalmente el 8 de agosto de 2014.

He recurrido de nuevo al archivo. Pero al de las cosas perdidas, al lost and found, a esas crónicas que fueron escritas con la memoria fresca y los pies aún calientes pero que nunca vieron la luz (y si lo hicieron fue tal vez como entradas de un blog que ya no existe.) Todo esto lo escribía pensando en La Trampa del Bulevar, que es mi fanzine y cuya planeación me ocupaba en aquellos días un gran porcentaje del tiempo. Ha sido bueno revisitar estos textos porque han servido para revivir una historia pasada en la ciudad, que recuerdo no nada más con nostalgia, sino con rabia: ¿por qué hemos dejado que aquello se muera? Eso fue drástico. Está bien, no está muerto, pero, ¿dónde dejé, yo, aquella lust for life? Aquí tres crónicas que ilustran bien cómo era el underground leonés entre 2008 y 2009.

* * *

9 de agosto, 2008

Los desquiciados de Lookin’ Back [Lalo D. Aguiñaga y Ritxi Cárdenas Montiel] tiraron la casa por la ventana el pasado sábado 2 de agosto y todos estuvimos invitados. No hay mejor manera de comenzar el mes ocho del año ocho que con música, música, música. El cuasi-legendario Bar La Caguama fue el lugar indicado para horas y horas de sonidos clásicos, siempre modernos, y para encontrarse con todos esos búhos que viven de noche y odian el sol.

Algo está pasando en la agitada y siempre extraña ciudad de León. Going Underground resultó una fiesta más que buena, de esas que no suceden todos los fines de semana. De esas que dan gusto.

Todo comenzó temprano, aunque no tanto como el cartel lo anunciaba. Este sigue siendo un problema grande de organización, ya que todo siempre se demora (y el público tiene mucho que ver con esta impuntualidad.) Con todo, la cerveza y la música comenzaron desde que se abrieron las puertas y eso se agradeció muchísimo.

The Groovie Merchant (a.k.a. Gokú) fue el encargado de los sonidos vibrantes de la noche. Presumió de buen modo su gran colección de discos con una selección impecable, funky y frenética.

Los primeros en saltar a escena fueron The Stockyard y, como siempre sucede, comenzaron los gritos de las chicas. Su sixties revival es bastante efectivo y a base de buenas versiones de The Kinks, The Who y hasta de Oasis (?) dejaron el ambiente listo para mucha más fiesta. Tienen una muy buena pinta y mucha juventud, así que seguramente escucharemos mucho más de ellos.

Caribe Kingston fue la banda que siguió y lo hicieron bien, aunque siguen siendo poco consistentes. Su reggae de raíces suena sucio y sirve para bailar cuando se tienen unas cervezas encima, aunque esta vez estuvieron un poco erráticos. Con todo, es una banda que cumplirá con lo que promete, que es mucho.

Esa noche fue el debut de Los Psychodeliciosos, que ojalá siguieran juntos al regreso de Howard, su vocalista que se ha autoexiliado. Con sonidos lisérgicos y berridos en ñ, estos melenudos nos hicieron cantar con su versión de Están cambiando los colores de la vida de Los Chijuas. Poca precisión, pero mucha energía, como alguien dijo por allí.

Pero si creíamos que los sonidos psicodélicos iba a terminar, siguieron con Juan de las Negras, experimentalistas a ultranza que dejaron desconcertado a más de uno.

Siguieron ¡Los Padrinos! que, aunque no fue su mejor gig, tocaron las canciones acostumbradas: algunas versiones (Bo Diddley, The Who y un extrañísimo medley llamado Surfin’ Demolition Bird) y temas de su EP El Hombre Globo Lo Sabrá. Su presentación fue bastante caótica.

Y cerraron los Standards, la banda más añeja de todas, y fue inevitable pararse a brincar. La cerveza ya había corrido con ganas y el lugar, que contra todo pronóstico se llenó, se convirtió en el manicomio prometido. Con cada grupo, la energía creció. A la sexta banda, el guateque era ya de grandes proporciones. Buenísimas versiones de blue-beat esmeralda, sonido realmente clásico: estos sujetos saben lo que hacen. Y todos querían más, más, más.

La fiesta continuó, obviamente, con más discos y chasquidos de dedos y conversaciones a-mil-por-hora, hasta que nos corrieron del bar. Terminamos molidos, pero contentos, esperando que sea la primera de muchas fiestas Going Underground. Que así sea.

* * *

2 de diciembre, 2008

Nos la debíamos. Y cumplimos con creces. Living for the Weekend este 29 de noviembre pasado, en León, fue brutal.

Esos adjetivos se prodigan ya a la ligera y se aplican a cualquier cosa. No es este el caso, ya que cualquier adjetivo se quedará corto. La fiesta fue total. No nos dejarán mentir.

Fue una noche de verdadera Camaradería, con un mercadillo de artículos (ropa, discos, cintas, fanzines, hojas informativas: presentamos el número 3 de nuestra querida Snap!), la proyección de excelentes películas de culto sixties en blanco y negro, algo de cerveza y la mejor música de todas. La verdad es que fue una fiesta impecable de la que salimos tambaleándonos a la buena –y a la mala– porque la noche no nos noqueó. Pudimos con ella.

Propios y extraños se levantaron al domingo siguiente aún tarareando ese soul machacón cortesía de The Groovie Merchant (por mucho el mejor DJ de la ciudad… y tal vez no sólo de esta), tamborileando esos extraños ritmos que FourBee y Le Substitute nos hicieron bailar o buscando entre los discos para escuchar de nuevo esa canción que todos cantamos desde el fondo de nuestras barrigas llenas de brebajos extraños y con la que los selectores Mara Pop! o Cisneros abrieron y cerraron la noche, respectivamente. ¿Es que hay algo mejor?

They call it stormy Monday, but Tuesday’s just as bad. Pero siempre tendremos el fin de semana. ¡Gracias a todos los que asistieron, apoyaron, bailaron, bebieron, cantaron, intercambiaron, compraron, ligaron, discutieron, besaron, pincharon, criticaron, adoraron…! Los weekenders, únanse.

* * *

18 de septiembre, 2009

Que no, no estamos muertos. Con un considerable retraso (mental, una vez más) reseñaremos brevemente Black Soul Beats, la fiesta que el Groobeats SoundSystem armó el 5 de septiembre en La Mandrágora, en León. Varias horas de los mejores sonidos negros y latinos. Groovy shit, cómo no, en plástico negro y con un calor de casi 451 fahrenheit.

Girando las tornamesas, damas y caballeros, estuvieron Brendan Flannery (de Chicago), DJ Yodex (de la Ciudad de México) CuchiFrito Man (de León) y el cuasi-legendario Gokusán (la SLP/León connection.) Así debía ser.

Mucho funk, soul, boogaloo y un poco de jazz nos hicieron mover los pies: unos se deslizaron con mucha o poca destreza, otros sólo brincaron y hasta hubo breakdancers cerca de las tornamesas. Una noche sudorosa en la que había que sacar medio cuerpo por las ventanas del lugar, exponiéndose a caer tres pisos, para refrescarse un poco.

Porque aquí viene el único y gran pero de la noche: la cerveza se terminó. Sí. La cerveza se terminó. Poco después de la medianoche, el lugar estaba seco. Claro, había cócteles y esas cosas que no funcionan en una noche así, pero no nos quedó más que seguir brincando, bailando, cantando, remojando el gaznate con pulque que se escabulló de la seguridad del lugar (en realidad fue introducido por los mismos organizadores), coca-colas y cócteles dulces.

De cualquier modo, ojalá que haya Black Soul Beats para rato. Que se convierta en otra fiesta tradicional para los chicos del ritmo de León. Que sea.

P.D.: Gokusán nos pasó parte de su setlist, aunque advierte “en desorden y no están todas las que fueron”, pero así sucede a veces. Le agradecemos su contribución, de memoria, para que quede constancia de lo que sucedió y pudo suceder aquella noche…

James Brown, I Got You (I Feel Good). James Brown, Get Up (Like A Sex Machine). Many Corchado, Pow Pow. Mongo Santamaría, We Got Latin Soul. Monguito, Hey Sister. Chollo Rivera, Black and Blues. Quetcy Alma, Deep. Joey Pastrana, King of Latin Soul. Eddie Palmieri, African Twist. Michael Jackson, Billie Jean. KC & The Sunshine Band, That’s The Way I Like It. The Harvey Averne Barrio Band, Cucara Macara. Lefties Soul Connection, Organ Donor. Vern Blair Debate, Ooh Ah Ee. Lil’ Buck & The Top Cats, Monkey In A Sack. Boris Gardner, Melting Pot. The Bamboos, Side Stepper. Augustine Ramirez, Pack My Bag. Cannibal & The Headhunters, Land of a 1000 Dances. Baby Huey, Hard Times. Cyril Neville, Gossip. Los Johnny Jets, Es Lupe. Incredible Bongo Band, Bongo Rock ’73.

C/S.

“La dificultad más grande está en los prejuicios y la ignorancia, en pensar que los discos son baratijas”. Entrevista a Ulises “Cuchifrito” Segoviano.

In Uncategorized on August 20, 2014 at 1:44 pm

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Publicado originalmente el 1 de agosto de 2014.

En donde suena música, ahí está Ulises Segoviano. Y no exagero: este sujeto tiene un radar increíble y sabe dónde está la acción. Nos conocimos hace años en los legendarios guateques de los Standards en San Felipe y sigue tan terco como siempre en su misión de santificar las fiestas, salvar la buena música y ser un bon vivant. Él se describe como un sujeto al que le gustan demasiado la música y el arte “y tal vez no podría decir que odio algo, pero puedo decir tres cosas que no me gustan de la forma de actuar del hombre: la desigualdad, los prejuicios y la guerra, esta última en conjunto con toda la miseria y sufrimiento que crea, aunque pensándolo bien, sí odio a todos esos que se benefician creando guerras.” Un tipo de ideas claras y palabras directas, Cuchifrito Man (como algunos le conocen) nació en León de padres capitalinos y es un tipo dedicado cien por cien a la música: toca la trompeta, renta equipo de audio, es selector de música en vinilo (prefiere ese término al muy sobajeado diyéi) y, por supuesto, es el hombre detrás de Soul Limbo Records, la tienda de discos más interesante de la ciudad de los panzas verdes. Ulises sabe de música y se nota en su tienda, bien surtida y con posibilidad de obtener discos sobre pedido; su dedicación al vinilo es total. Soul Limbo está en la calle Zaragoza 274-A en el centro de León, a unos pasos del Mercado República. Hay que ir. 

¿Cómo nace en Ulises la obsesión vital, La Obsesión, por la música y los discos?
Desde que estaba en la secundaria. Escuchaba a Metallica, Guns’n’Roses, Led Zeppelin, Korn, Cypress Hill y Nirvana de viejas cintas de cassette que los compañeros de clase y amigos del barrio me prestaban para escuchar allá por el ‘97 o ’98, cuando no había tanto acceso a la web. Luego en la preparatoria me enamoré del sonido de los instrumentos de viento escuchando grupos mexicanos de ska fusión como Inspector, Panteón Rococo, Maldita Vecindad, The Toasters, Salón Victoria, Voodoo Glow Skulls, Mighty Mighty Bostones, La Matatena. Y nace de discos que tuve la oportunidad de comprar en el Chopo. Después descubrí el potencial de la red cuando tuve mi primera computadora: alucinaba bajando discos completos en programas peer-to-peer como el Kazza, el E-Mule y Soulseek. Bajaba discos de ska tradicional, jazz, soul y reggae y llegué a tener una cantidad considerable de música en mi disco duro. Muchas veces contacté con personas de Francia, Italia y España para que “ripearan” lo último en CD’s. Tuve tanta música en mi PC que se nos ocurrió la idea a un buen amigo y a mí de vender discos piratas en la Línea de Fuego (tianguis dominguero más tradicional de León, nota del entrevistador.) Nosotros los llamábamos “Reediciones Económicas Mexicanas”. El poco dinero que obteníamos nos servía para salir de fiesta algunas veces, porque en ese tiempo éramos estudiantes y el dinero escaseaba. Después lo abandonamos, más que nada porque no había tiempo para producir los discos. Y los blogs de música que proliferaron durante ese tiempo nos dieron la estocada final. Un día ese disco duro lleno de música se convirtió en caca: pasé de tener muchísimas canciones a nada. En ese momento me di cuenta de que debía comenzar a coleccionar mi música en un formato que fuera menos delicado. Descarté el CD y  recordé lo que mi amigo Ritxi Cárdenas me dijo acerca de la música en vinil: que lo valía. Aunque me parecía algo caro en un principio me las arreglé para conseguir muchos buenos discos a bajo precio, principalmente en los tianguis. Ahí comenzó todo. 

Cuéntanos un poco acerca de tus proyectos musicales, que han sido muchos a lo largo de estos años…
Empecé con una banda de ska tradicional y 2-Tone, los Standards. ¡Hace ya 10 años! Tocábamos principalmente cóvers de bandas como Madness, The Skatalites, Moskovskaya, Tokyo Ska Paradise Orchestra, The Orobians, Oi Skall Mates. Llegamos a tener dos canciones de nuestra autoría. 

Las recuerdo bien. ¡Hey, Rudy, sé sensato!
¡Nos invitaron varias veces a tocar fuera de León! Tuvimos algunos cambios en la alineación y fueron las ocupaciones de todos las que no permitieron que el proyecto continuara. Hace poco más de dos años algunos de los integrantes iniciamos una nueva banda con la intención de tocar estilos variados de música, algunas piezas de afrobeat, jazz, funk y rocksteady, pero el proyectó no cuajó como esperábamos y decidimos dejarlo por la paz. 

Lástima. Pero está también Soul Limbo, tu tienda de discos ¿Cuánto tiempo lleva el proyecto de Soul Limbo Records? ¿Cómo comenzó? ¿Quién te ha apoyado en este tiempo?
Supongo que comenzó desde el momento en que me enamoré del formato. Creo que todos los  melómanos en el fondo quisieran tener una tienda de discos, no así los coleccionistas a los que les cuesta desprenderse de discos que consideran buenos. En mi caso no me considero coleccionista, y un día me di cuenta que había acumulado muchos discos ociosos: no me gustaban o no me convencían en su totalidad y comencé a venderlos a amigos (entre ellos a mí, nota del entrevistador). Traía discos de la Ciudad de México y mi papá y yo compramos un lote de 20,000 discos. Algunas veces llegué a externar la idea de tener una tienda de discos en el centro de León pero, como casi siempre, resulta que las personas que quieres y en las que confías te desaniman. Fue hasta que viajé a Valencia, España, y que tuve la fortuna de conocer a Víctor, de Discos Monterrey, que cambió la cosa. Él me hizo ver que no es tan difícil tener una tienda de discos. Ahí la idea fue desarrollándose en mi cabeza hasta llegar a finales del siguiente año, cuando se materializó ya en la tienda física. También podría decir que fueron una serie de sucesos afortunados y una buena racha económica por la que pasaba lo que me permitieron iniciar. Desde antes de abrir y durante todo este tiempo las personas que más me han apoyado son mi esposa y mis padres. Y, bueno, también los amigos que se han convertido en clientes habituales. 

¿Qué tal funciona una tienda así en León? ¿Qué dificultades enfrenta?
Hasta ahora ha funcionado bien, aunque en un principio fue difícil hacernos de nuestra clientela. Poco a poco la gente comienza a darse cuenta de las ventajas del formato en vinilo. La dificultad más grande está en los prejuicios y la ignorancia de la gente, el pensar que es algo ya muerto, que los discos son baratijas y que la calidad de sonido es inferior a la de la música digital. Pese a eso la tienda ha podido mantenerse y vamos con paso lento, pero firme. 

¿Cuáles son las mejores experiencias de la vida a lo Alta Fidelidad? ¿Cómo es tener una tienda de discos?
Además de poder conocer discos muy raros, lo más gratificante es conocer a gente con pensamientos afines a los nuestros. Algunas veces también personas algo excéntricas, pero no por ello menos interesantes. Y, por supuesto, coleccionistas. Nos da un enorme gusto cuando nos visita por primera vez una persona y comienza a recordar anécdotas referentes a discos que tuvieron en su infancia o en su juventud. También es gratificante hacer lo que nos apasiona. Como bien dijo Confucio: “dedícate a algo que te guste para que no tengas que trabajar por el resto de tu vida”. No se puede ser infeliz si haces lo que quieres. 

¿Esa cita es de Confucio? ¿Qué tipo de discos vendes más?
[Risas. Más risas.] Creo que esa respuesta tú la sabes: los Beatles y Pink Floyd. Lo primero que hace la gente después de saber que vendes discos es preguntarte si tienes de esas dos bandas. Los discos de rock progresivo se venden bien, principalmente de bandas europeas. Y también los de bandas mexicanas que tocaron en su tiempo garage, psicodelia, boogaloo, ska y funk. Esos se van rápido. 

De tus experiencias en el mundo de la música, ¿cuáles han sido las más emocionantes? ¿Y las menos?
Lo más emocionante es poder tocar para un público y que a la gente le guste lo que haces, que realmente lo pasen bien con las emociones que transmites por medio de un instrumento musical. Como espectador y melómano lo mejor es ver a mis artistas favoritos. De lo más memorable: el concierto de Ska Cubano en el bosque Tlalpan, Desmond Dekker y los Skatalites en el Vive Latino de 2005 en el DF, Tino Contreras en Cuernavaca, los Tokio Ska Paradise Orchestra en Guadalajara, el New York Ska Jazz Ensemble aquí en León, Osaka Monorauil, Banda Basotti, The Cynics y The Slackers en Valencia. En los seis meses que estuve en San Francisco, California, pude ver en vivo a artistas como Sonny Rollins, Joe Baatan, King Khan and The Shrines, Charles Bradley, Budos Band y un largo etcétera.  

Envidiable. ¿Qué le falta a los grupos mexicanos (por no hablar de una escena) para hacerlo en grande y hacer gran música?
Creo que hace falta quitarnos el ego y los prejuicios respecto a ciertos tipos de música. También saber trabajar en equipo y arriesgar más que imitar, porque buenos músicos en la ciudad los hay. 

¿Cómo son tus sets de música? ¿Qué son tus prioridades? ¿”Pinchar” con mp3 o CD te va?
Depende. Si es un evento con varios “pinchadiscos”, trato de poner lo raro e inédito que tengo y que tenga buen ritmo, aunque lo raro no siempre es garantía de calidad. Cuando me invitan a mí solo hago un collage de estilos variados con lo que tengo en vinilo. La música en digital la utilizo cuando se me complica llevar el equipo, que es bastante pesado, pero sí la necesito porque no todo se encuentra en vinilo, desafortunadamente. 

¿John Lennon o Paul McCartney?
George Harrison. Aunque reconozco que eran muy buenos compositores, nunca me ha caído bien ninguno de los dos. 

¿Qué grupos o artistas eliminarías del mundo para que fuese un lugar mejor?
Eliminaría a los grupos que fomentan el odio racial y los prejuicios. También sería agradable poder persuadir a Miley Cirrus y Justin Bieber de abandonar sus “carreras” “musicales.” 

¿Tienes algún gusto musical culpable?
Si, dos canciones de Duran Duran que me recuerdan una parte de mi niñez. 

¿Cuál es tu bebida?
El pulque. 

La pregunta molestamente obligada de estos cuestionarios: ¿Podrías nombrarnos tus 10 discos indispensables? Sé que es difícil, pero sólo 10.
Art Blakey & The Jazz Messengers, Indestructible.
The Skeletons, Smile.
The Debonaires, The Debonaires.
The Orobians, Jamaica Italia Connection.
Jackie Mitto And The Soul Bothers, Last Train to Skaville.
The Music Machine, Turn On.
The Adjusters, Before The Revolution.
Ray Camacho & The Teardrops, Low Rider.
The Budos Band, II.
Charles Mingus, Ah Um

¿Y diez singles?
La Máquina del Sonido, Fuego.
Peace And Love, We Got The Power.
Pérez Prado (Pantaleón), Love Child.
Tino Contreras, La Marcha de Los Dioses.
Horace Silver, The Natives Are Restless Tonight.
Lloyd & Glen, Rudies Give Up.
Max Roach & Abbey Lincoln, Freedom Day.
Mabel King, Go Back Home Young Fella.
Exit 9, Fly.
Portishead, Pedestal

¿Películas? ¿Libros?
El planeta salvaje, Canterbury Tales, Santana: Americano Yo, Once Upon A Time In America, Fritz The Cat, Gato negro gato blanco, El Hombre de Papel, Blade Runner, El Padrino II, Bullitt. ¿Libros? El Hombre Rebelde de Albert Camus, El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco de Bukowski, 1984 de George Orwell. 

¿Alguna recomendación de algo que no podamos perdernos?
¡No pueden no venir a Soul Limbo!

C/S.

Crónicas perdidas de La Trampa del Bulevar: Chewing Gum Weekend 2008.

In Uncategorized on August 14, 2014 at 3:21 am

Publicado originalmente el 25 de julio de 2014.

La Trampa del Bulevar es mi fanzine. Digo ‘es’ porque aunque del último número hayan pasado dos años y fracción, la idea de continuar sigue allí. Es un hiatus, que dirían los ingleses. La comencé en una época de especial candidez y de energía incontrolable, al mismo tiempo que mi grupo, ¡Los Padrinos!, tocaba constantemente en la ciudad y fuera de ella; fueron épocas también de mucho activismo mod (hojas informativas, afiches, organización de fiestas) y la ciudad de León parecía que podía tomar un nuevo rumbo. Cada fin de semana había una fiesta y asistí, acompañado de mis panas, a prácticamente todas. Parece que fue ayer, pero han pasado varios años. Para La Trampa del Bulevar escribí algunas crónicas y reseñas que, al final, quedaron fuera por una razón u otra. A continuación presento una crónica del Chewing Gum Weekend 2008, un evento que comenzó a organizarse en 2007 y que ha sobrevivido hasta ahora en la Ciudad de México. No sé por qué no la publiqué en su momento, pero ahora le toca, aunque sea ya tarde. Me encantó el idealismo y el lenguaje fanzinero que utilizo. Me parece también divertido que hable de ¡Los Padrinos! en tercera persona. El documento fue escrito el 23 de julio de 2008. Han pasado seis años, a la fecha, de su redacción a su revisión final.

* * *

Por segundo año consecutivo, la Ciudad de México fue sede del Chewing Gum Weekend, evento anual que, ojalá, se convierta en una buena costumbre. Dos noches (18 y 19 de julio de 2008) de música y estilo que se agradecieron como se debe: agitando el esqueleto hasta decir basta.

Este año fue un festival genial que hizo honor a su excelente nombre (contrario al año pasado, debemos decirlo, que no nos gustó). Dos días de pura buena música en vivo, en vinilo y además una reunión necesaria con buenos amigos.

Allí estuvimos, por supuesto. Una crónica de cómo lo vivió La Trampa del Bulevar, a continuación:

Día 1.
Salimos de León  temprano en autobús el viernes. Un percance en la carretera retrasó la salida de la ciudad por una hora entera, así que llegamos tarde a la Ciudad de México, pero con muchos ánimos. Tomamos, de la terminal, el metro al apartamento prestado donde íbamos a quedarnos. Nos cambiamos y salimos de nuevo al metro. Tras un largo recorrido, nos bajamos en Metro Revolución. Al bajar, nos encontramos con un grupo de skinheads muy bien vestidos y, como supusimos que iban a lo mismo que nosotros, les preguntamos hacia dónde debíamos ir. Por supuesto que sabían dónde era la fiesta y nos dieron indicaciones, prometiéndonos que nos veríamos después.

Llegando al lugar (el Bar Grotesk) había muchísima gente ya afuera esperando a que abriera. Muy buena ropa, muy buenos peinados, se respiraba un muy buen ánimo. Fuimos saludando a gente que ya conocíamos del año pasado y mucha más que conocíamos sólo por la Internet. Fue bueno ver que gente que sólo habíamos visto en cíberfotos existiese en carne y hueso. Nos lo pasamos charlando y saludando a los viejos y nuevos conocidos hasta que, por fin, abrieron la puerta. Casi todo el mundo entró como desesperado y ya adentro, el ambiente era de pura expectación. Todos estaban dispuestos para la fiesta y al fondo del lugar (en un primer piso) ya estaban preparados los instrumentos para las bandas. En una esquina cerca de los baños se encontraba Ruffy, autor del nuevo libro (único en Latinoamérica) Aggro: Reggae + Skins = TNT vendiéndolo en un improvisado stand. Por supuesto, nos hicimos de una copia y esperamos reseñarlo pronto.

La música comenzó a sonar y mucha gente comenzó a bailar; otros sólo a beber. Tras muchos minutos se subieron a escena los Robots From The Moon, banda capitalina de reggae cósmico que comenzó a calentar motores. El sonido no era impecable, pero el ánimo de la banda y los presentes sí.

Después de ellos, ¡Los Ovnis! Garaje mejicano original de los 60. Todas unas leyendas vivientes. Es increíble que estos señores de sesenta y tantos años toquen de ese modo. Incluso llegaron en sus rugientes motos. Su set incluyó muchas versiones (a The Animals, Sam Cooke -aunque atribuyeron Shake a Eric Burdon-, los Stones  y su clásica versión de Enciende mi fuego de The Doors, que aunque no son santos de nuestra devoción suenan genial en voz de Don Armando Vázquez); pero también canciones originales de su aclamado y muy coleccionable disco Hippies (1968) como Te doy tu lugar.

Tras los clásicos de rigor y los cóvers en español, ya completamente ambientados, llegaron Los Rampart’s, que debutaban esa noche. Su R&B sucio nos gustó muchísimo. Nos desgarramos la garganta cantando clásicos como Baby Please Don’t Go. Una actuación muy poderosa.

Y al final tocó a ¡Los Padrinos!  subirse a escena. Son nuestra banda, así que fue bueno verlos de nuevo en la Ciudad de México. Sin embargo, la guitarra comenzó a fallar, los micrófonos a apagarse y el sonido fue de mal en peor, pero eso no importó para que hicieran algunos destrozos en un gig sin pies ni cabeza, pero MUY divertido, lleno de caídas, maracas rotas y mucho raw power. Tanto que en My Generation  muchos asistentes tomaron el micrófono para cantar gritando y al final músicos de los Rampart’s se subieron con ellos a hacer una errática versión de Louie Louie.

Todavía después, Mod TJ1 (gran amigo que vino desde Tijuana) fue protagonista con su DJ set que nos puso a brincar como locos con su selección psicodeliciosa y de buen gusto. Además de él, durante la noche, estuvieron en la tornamesa -o al menos eso decía el programa, estábamos tan entrados en la fiesta que no nos fijamos- Attack Bisont (de Puebla), Fat Man, Ernesto Fuzz On y el siempre misterioso (¿será?) Blue Demod. La noche terminó así, aunque aún la comitiva leonesa decidió irse a unos tacos callejeros para cerrar la noche (el día, más bien, porque terminamos temprano en la mañana) y prepararse para la siguiente.

Día 2.
Anduvimos como zombies todo el día callejeando y cuando llegó la noche, nos encaminamos al Centro Histórico, donde la fiesta sería en un noveno piso de un edificio sin ascensor. ¡Qué importaba! Íbamos subiendo guiándonos por la música que ya sonaba arriba. Esa noche fue sólo de selectores y vaya que lo hicieron bien. La noche fue casi dominada por los sonidos jamaicanos, pero cuando hubo soul no faltaron ni el talco ni las piruetas. Hubo mucha cerveza, pláticas con buenos amigos, una vista impresionante de la Ciudad de México, horas y horas de bailar sin parar y hasta uno de nosotros terminó comprándole un 7″ de Carla Thomas a nuestro amigo Beto.

Quien no se divirtió esa noche merece el mote de Amargado.

Tras las tornamesas estuvieron – así, nada más- Chris Morgan, Rick Kendrick (de los InCiters), Mr. Ryha White (que puso a brincar a todos), el Tritón Soundsystem, Dante Soulcialista (quien causó polémica al iniciar su set con I Wish de los Babyshambles… ¡nosotros le celebramos el detalle!) y Moisés Underground.

¿A quién le importa otra cosa? La verdad… estamos aquí por esto: por el amor a la música, nuestra música y lo demás es complemento. Hay a quienes les obsesionan que las corbatas tengan un milimetraje exacto; hay quienes se apasionan por el cine de época; hay quienes sólo quieren bailar y pelear; hay quienes vienen y van. Y todo se vale. Siempre y cuando nos una lo que siempre nos ha unido: ese sonido inigualable de los discos que giran rápido y no tanto. Hemos regresado a León con un buen sabor de boca y ganas de más. If the kids are united…

Gracias a los organizadores, especialmente Moisés y Lisette, que nos trataron muy bien (aunque nos deben ese fanzine.)

Nos vemos el año entrante. ¿A que sí?

* * *

Nota final: el CGW sí que se convirtió en una buena costumbre, aunque yo ya no pude asistir a muchos más. Sí cumplí con ir el año siguiente, volví a tocar con el grupo y recuerdo perfectamente que a ese festival fui enyesado de mi pie derecho, por una lesión deportiva (jugando futbol con La Cuadra.) Con todo, los recuerdos siguen intactos y las sensaciones tan latentes como en aquellos días, nuestros Días del Frescor.

C/S.

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